Pasado el ansiado primer fin de semana de este mes de junio (5, 6 y7), en el que los antiguos alumnos de la Safa de Úbeda han tenido su oportuno y esperado encuentro, me gustaría comentar mis impresiones personales, tras leer y ver las fotografías que ha publicado la web Amigos SAFA, recreo.
Tenía yo la voluntad de ir este año también a ese encuentro, pero se me cruzó por el camino, en la segunda quincena del mes pasado, una doble intervención quirúrgica que no me ha permitido asistir. Espero que el próximo año lo consiga, aunque ya voy cogiendo una edad en la que cualquier eventualidad, traspiés o mala suerte te deja fuera del circuito vital normal que todos los jubilados tenemos programado…
Es digno de resaltar cómo este segundo año la coordinadora de los encuentros de los antiguos alumnos de la SAFA de Úbeda (Inmaculada Pérez Sáez) ha sido la brillante y feliz organizadora, saliendo victoriosa del envite, a mi parecer; aunque quienes mejor lo pueden decir son los asistentes a ese mencionado encuentro… Inmaculada, como principal cabeza visible, así como José Miguel Gámez Salas, Víctor Pérez Cárdenas…, más sus incondicionales, ayudados por antiguos componentes de la extinta coordinadora que tan bien ha comandado desde siempre Paco Bordés (Pedro Mora Figueroa, Pepe Aranda, Miguel Raya Pulido…), así como la presidencia de la AAMSU, bien representada por José Luis Rodríguez, han sido los responsables principales de que este encuentro haya llegado a feliz puerto.
Hubo momentos del viernes, sábado y domingo pasados en que mi imaginación volaba cual ágil y desbocada ave, cuando cerraba los ojos, convenciéndome de que había empezado mi viaje hacia Úbeda desde la Hispalis moderna en la que me encuentro viviendo, ya va para nueve años. En mi memoria se iban sucediendo los distintos y variados paisajes que me voy encontrando cada vez que marcho con mi coche por la autovía.
Mi llegada a Úbeda sería con el corazón repleto de nostalgia, recordando siempre amigos y familiares que ya se fueron o que permanecen en ella corroborando que allí está mi pequeña patria y hogar de toda la vida…
La anunciada visita a la Sacra Capilla del Salvador, en la tarde del viernes, tantas veces visitada por mí y otros compañeros o amigos, la imaginé gloriosa con esas coordenadas espaciotemporales que mezclan y muestran la historia de tantos ilustres personajes y ciudadanos de a pie que han pasado por allí (tendría un recuerdo alborozado de mi padre, cuando fue monaguillo de este gran mausoleo…).
El obligado y gustoso paseo por la Úbeda más entrañable no podría faltar, siempre bien acompañado de compañeros y amigos safistas en donde saldrían a relucir múltiples y sustanciosas anécdotas de nuestra etapa en los Jesuitas, tan rica en conocimientos, vivencias y multivariados aprendizajes…
La mañana del sábado madrugaría para desayunar tranquilamente churros con chocolate, en lo bajo de la Corredera, y, luego, marcharía pausadamente en busca de la misa matutina que los antiguos alumnos safistas celebrarían en la iglesia de San Juan Bautista, donde bien se mostraría la hábil mano de Inmaculada y sus incondicionales imprimiendo fe, sentimiento, musicalidad y viveza en esta celebración religiosa.
Después llegaría la foto general de recuerdo, con todos los asistentes al encuentro, hubiesen estado en misa o no. ¡Hay que respectar las creencias de todo el mundo…!
El plato fuerte de la celebración sería las sabrosas y preparadas intervenciones en el Aula Magna, tanto de algunos de los componentes de las promociones que cumplían redondos años (25 o 50) como de las autoridades académicas o políticas que siempre conformarán el acoplamiento perfecto de un puzle safista en el que cada uno de los asistentes (presentes o imaginarios) podríamos vernos y reflejarnos con vivencias y sentimientos muy similares, evocadores siempre de una etapa infantil-juvenil de la que nunca querremos desprendernos, ni podremos olvidar, especialmente los de mi promoción de Magisterio 1970-73 y adyacentes, ya que en esta hermosa sala estaban ubicadas antaño nuestras aulas de primero y segundo de magisterio, en la que mis profesores y compañeros palparían su presencia inconsútil…
La comida de hermandad en el Hotel Ciudad de Úbeda sería el colofón final pues, distribuidos por mesas afines a amistad, compañerismo o promoción, servirían, aún más, para enlazar los lazos de safismo, agradecimiento y amistad sincera que nos unen, como seña indeleble de identidad que permanecerá en nuestras mentes y corazones mientras vivamos…
La tarde calurosa, pero diáfana y tan clara y soleada, sería una oportunidad más de perderse por las callejuelas y plazas de esta “Ciudad del Renacimiento que mira al Sur”, puesto que cuanto más se patea, más se disfruta y, sobre todo, si vas en buena compañía; aunque en solitario, como lo hizo muchas veces el ínclito safista Juan Pasquau Guerrero, también sirve de lenitivo o curativo de cualquier mal del alma e incluso del cuerpo…
La noche con su frescor y magia serviría para que por afinidades, tribus, promociones o amistades la cena fuese hecha en cualquiera de los muchos bares, restaurantes o tascas que Úbeda alberga, siempre acompañados con las típicas y sabrosas tapas correspondientes que hacen que el paladar y la vista se hermanen de manera prodigiosa…
Ya el domingo, los que quedasen aún en la ciudad y tuviesen más tiempo y ganas, harían la ruta de los lugares en los que la Compañía de Jesús fue acampando a lo largo de los años desde su primera venida a nuestra ciudad, ubicada en la Corredera de san Fernando, número 7, hasta finiquitar en este magno conjunto monumental que constituye la actual SAFA de Úbeda, siendo un pequeño-gran pueblo, dentro de esta gran ciudad Patrimonio de la Humanidad, dándole empaque y prestigio y del que se aprovechan a partes iguales la ciudad, el ayuntamiento, la propia institución SAFA, los ciudadanos que se educan en sus aulas y los forasteros o visitantes, que van marcando lentamente en su mente las vivencias escolares que se transmutarán en dulces o quizás amargos recuerdos…
¡Salud y buena ventura para todos: organizadores, ponentes y asistentes para que el próximo año celebremos lúdicamente y con alegría otro nuevo encuentro de alumnos de la SAFA de Úbeda: el décimo quinto, nada menos, si Dios quiere…!
Sevilla, 8 de junio de 2026.
Fernando Sánchez Resa
