Como nos canta oportunamente Joan Manuel Serrat: Todo pasa y todo queda,/ pero lo nuestro es pasar,/ pasar haciendo caminos,/ caminos sobre el mar…, de Proverbios y Cantares de Antonio Machado, llegó el final de curso 2025-2026, que empezó en octubre y acaba en junio (todos los miércoles, por la tarde) de nuestro amado grupo de patchwork; y, como siempre, no hay mejor manera de celebrarlo (¡los andaluces (y españoles, en general) somos así…!) que terminar el último día de clase con una comida de fraternidad (y a continuación dar la última clase de patchwork) en la que todas disfrutamos de lo lindo, dando rienda suelta a nuestras apetencias alimentarias, pues todo mujer sabe (y el hombre que ejerza como cocinero de su casa o gente, también) que con tal de que te pongan la comida cocinada en la mesa, ya estamos contentas, pero se multiplica y asciende nuestra alegría si, además, elijes menú y postres, rompiendo por un día esa esclavitud actual que muchas llevamos en nuestra cabeza y cuerpo, con tal de no engordar en demasía. ¡Un día es un día y hemos de celebrarlo…!

   


Así lo hicimos.
Desde las dos y media que llegamos al Chispa, del que ya somos clientes habituales, pues nos atienden muy bien y nos ponen en una salita con aire acondicionado para que estemos fresquitas en este tórrido y adelantado verano que se nos avecina, con la primera ola de calor en floración…


Allí, además de comer y degustar esas tapas tan deliciosas y esperadas, charlamos de todo lo divino y humano, como solo las mujeres sabemos hacerlo. Nuestras vidas y milagros, nuestras vicisitudes, nuestros sentimientos y emociones más íntimos o explícitos, nuestros noviazgos, casamientos, embarazos y crianza de nuestros hijos y muchas cosas más salen a relucir, tanto cuando estamos en petit comité como en grupo, pues normalmente nosotras tenemos la necesidad de contar más de nuestra vida, en general, que los hombres de la suya en particular, salvo honrosas excepciones, que siempre las puede haber. Nuestra parla es más entretenida e interesante, siempre lo he dicho y lo diré…


Por eso, se nos fue el tiempo entre las manos durante el ágape y pronto volvimos a nuestro ansiado tajo de patchwork que es el que nos une, concita y alimenta… en ese magnífico salón que está calefactado en invierno y bien acondicionado en verano para que no pasemos frío ni calor y todo sea alegría, trabajo y contento. Sin olvidar el bonito y magnífico chalet del que disfrutamos todas. Alguno, incluso, cuando el tiempo lo permite, que es bastante, aprovecha el porche y sus maravillosas vistas florales y coloridas para leer, observar los aviones que pasan próximos camino del aeropuerto de Sevilla o descansar parsimoniosamente…


Nuestra maestra Salud, siempre tan amable, aguda e inteligente, que -por cierto- sabe de todo en lo referente a su maestría de patchwork y labores del hogar, aunque ella misma afirma olvidar todo lo demás, incluso las múltiples lecturas que hace a lo largo de todo el curso…

                         
Este año hemos hecho algunas unas pantallas de lámparas tan maravillosas, casi como las de Aladín…, que ya lucen en lugares estratégicos de nuestros hogares o de familiares o amigos. Pues bien, cuando alguna le preguntamos qué nota nos va a dar para este fin de curso, siempre nos dice lo mismo: «que vamos a suspender todas, puesto que si aprobamos es muy posible que cambiáramos de cole y clase, lo que a nadie le interesa, íbamos a ir al instituto…»; por eso, no hay cosa mejor que seguir repitiendo curso con ella, aunque las labores que hacemos a lo largo de los diferentes cursos sean siempre distintas, interesantes y variadas, pero como un denominador común: que sean las que nos gusten personalmente a cada una de nosotras, para así estar más motivadas y no tener la desidia que tienen algunos infantes y no tan niños de cierta edad que no hace más que caérseles de la boca: «maestra, yo me aburro…».

                   
Con Salud no nos aburrimos nunca, ya que siempre tenemos en nuestras manos la labor que nos interesa o gusta y si algún día nos apetece tocar menos la aguja y/o la labor siempre está la sin hueso de cualquiera de nosotras, que buenos ratos nos proporciona, enterándonos de todo con todo detalle. ¿Quién no ha contado sus viajes últimos, sus preocupaciones familiares o filiares, sus aspiraciones de jubilación (como nuestra amiga Menchu que ya forma parte de la población privilegiada que se ha jubilado, con todo merecimiento, y vive a tope su tiempo libre personal, familiar o amical… con un rejuvenecimiento que se palpa a primera vista), sus males, cuitas, enfermedades, e incluso alegrías diarias, para ser consolada o agasajada por el grupo…?

                                                           
Formamos un conjunto de buenas amigas compacto, que como todo lo humano, va caminando por la vida, cumpliendo años y objetivos, en la dicha de ir en compañía con muy buenas compañeras y amigas que nos hacen a todas la vida más llevadera y agradable. Siempre llevaremos en nuestras alforjas mentales tantos y tantos momentos cotidianos de alegría, humor y buen sabor. No podremos olvidar las sesiones de chistes graciosos y oportunos que Margarita nos regala en cada clase o sesión, pues su prodigiosa memoria y su sentido del humor se hacen más agudos e interesantes cuando tienen el reto y la oportunidad de sus compañeras embobadas escuchándole y riéndose a mandíbula batiente, como si estuvieran viendo una película de humor o risa desternillante…

                                           

                                           
Cada una de las que componemos el grupo tenemos nuestro encanto, nuestro salpichirri, nuestra manera particular de ver y consumir la vida, pero que al ser y sentirnos grupo, una vez a la semana, nos hace gozar y alcanzar otra personalidad y un apoyo grande para seguir batallando diariamente con las cosas negativas que tiene la vida convirtiéndolas, con buenas palabras y consejos de nuestras compañeras, en vademécum total…


La alegría desbordante y el espíritu de servicio de Mari Carmen no tienen precio ni parangón. Adela siempre ha sido y será una gran amiga y conversadora que esta colada por su amado sobrino nieto Lucas. Inma es una mujer muy formal que disfruta de todo lo que hace y experimenta y que desde que se jubiló goza de una autonomía encomiable, haciendo viajes durante el curso sin importarle perder alguna que otra clase, puesto que luego es capaz de recuperarla o no sufrir por ello. Asun, la nueva compañera de este año, que es la única del grupo que vive aquí, en Valencina de la Concepción (Sevilla), tiene unas ansias desbordadas de aprender y de contar sus anécdotas para que el grupo participe de ellas con franqueza. Conchita, con su alegría desbordante y sus ansias de aprenderlo todo, pertenece a nuestro grupo en alma y, alguna vez, en cuerpo…, al igual que Janet, que siempre está preocupada por sus amadas sobrinas. ¡Son ambas tan simpáticas y agradables…!

               
El que ha escrito este articulillo no pudo asistir a la comida, bien que le hubiera gustado, pero sus labores abueliles imprescindibles le obligaron a comer con sus dos queridos y amados nietos (Abel y Saúl) en una pizzería especial sevillana, para disfrute de los tres, aunque con la mente puesta, por momentos, en el Chispa y la reunión patchwordiana que allí se estaba celebrando al mismo tiempo. Todavía no ha conseguido el don de la ubicuidad… Otro año será. Siempre hay buenas amigas que se lo cuentan y echan fotos para que se debata entre la admiración y la envidia más genuinas…

                     
¡Buen verano para todo el grupo! Ya llegará octubre para contarnos nuestras andanzas veraniegas, que serán muchas, sustanciosas e interesantes a más no poder…
¡Hasta el curso próximo! ¡Un fuerte abrazo!

       

 

                                           

                                                                

 

Valencina de la Concepción, 24 de junio de 2026.
Fernando Sánchez Resa