DOMINGO, 16 AGOSTO
Llegamos a Úbeda antes de comer, una vez que desayunamos y partimos de Huéneja (Granada). Tras tomar en el Burger King un menú a nuestra medida y capricho, jugamos (mi hermano y yo) un rato en el Parque Norte, para bajar andando con papá hasta la casa de los íos para pasar con mami esta segunda quincena de agosto. Nos saludamos efusivamente y nos besamos para irnos pronto a la bolera y así estrenar nuestra gesta veraniega en Úbeda.
A la hora de cenar nos encontramos con la buena comida que la ía nos había preparado: bacaladillas fritas con un mar de patatas doraditas y fritas, con lo ricas que le salen a ella… Luego estuvimos viendo la tele y los móviles.
Llegamos a la cama exhaustos para poder descansar de nuestras actividades y andanzas vividas ese día en la habitación de soltera de mami, con la perspectiva de otro verano extraordinario. ¡Qué suerte tenemos…!


LUNES, 17 DE AGOSTO
Nos levantamos descansados y, tras el desayuno, jugamos al fútbol en el inmenso patio de los íos… Después nos fuimos a la biblioteca municipal de Úbeda para coger los libros que más nos gustaran y leerlos en casa. ¡Estaban de obras en el Hospital de Santiago, por Dios…!
El ío llevó el coche de mamá a revisión a las ocho de la mañana para recogerlo a las once. Iríamos con el coche del ío. Después fuimos todos a Mercadona. Allí nos inflamos de comprar cosas. Mi hermano y yo conseguimos echar en el carro helados y postres deliciosos y el sushi que nos encanta a los dos hermanos.
El ío fue a ver a su amigo Luis Juan y le regaló unos libros de alemán para sus nietos mientras la ía se llegó a casa de su amiga (nuestra buena y dadivosa) Rosa Mari Llinares.
La comida fue extraordinaria: arroz caldoso de la ía (hecho en la olla exprés) y el sushi que tanto anhelamos. ¡Nos encanta la comida japonesa y asiática…! Cenamos pronto: ensaladilla rusa de la ía, riquísima, con su mayonesa casera, pues teníamos cine gratis en la plaza de los toros a las 10: Los tipos malos, 2. Vinimos a las doce, machacados. Durante la proyección dieron su cabezadita tanto la ía como Saúl. Paradojas de la vida.


MARTES, 18 AGOSTO
Desayunamos churros con chocolate mientras al ío lo adecentaban (de cabeza y barba) en la barbería de costumbre. Lo llamamos para que -cuando terminase- nos acompañase y se comiera el chocolate y los churros que dejó Saúl. Luego fuimos a saludar a nuestras queridas amigas: las monjas carmelitas descalzas de la calle Montiel y nos regalaron muchas cosas. Nosotros siempre se lo agradecemos de viva voz y de otra manera que no se puede decir por aquí…
Jugamos al fútbol por la mañana y por la tarde, todos los días y, a menudo, varias veces. Somos unos ansiosos de este deporte de masas. Nuestro acuerdo es que el equipo que llegue a 15 goles gana. Por ahora vamos empatados. Conforme transcurran más días se dilucidará quién es el mejor equipo, si el del ío y Saúl, por un lado, o yo, por el otro…
La comida fue estupenda: carne de pollo empanada en filetitos pequeños, con una montaña de patatas fritas alargadas, que estaban para chuparse los dedos. Después llegó la siesta, con lectura obligatoria de nosotros dos incluida y jueguecitos de móvil con amigos; tras aquélla, todos los días de las vacaciones. Ya llegará el recorte en cuanto empiece el curso, bien que lo sentiremos nosotros, que no mamá que lo está deseando…
Luego tuvimos otro partido de fútbol nuevamente y después bajamos a Santa María de los Reales Alcázares para visitarla, pero estaba solamente abierta para los turistas. Lo dejamos para otro día. Por fin echamos la carta de Saúl, franqueada, a la señorita de María Jesús (su tutora de primero), como le había pedido cuando acabó el curso; y que hice yo también en primero hace ya cuatro cursos. Por cierto que costó sangre, sudor y lágrimas escribirla en Torre del Mar. Yo fue el que tuve que ponerle la dirección del cole, de su maestra y hasta el remite porque las letras de Saúl son gigantes. Las mías, al estar ya en quinto de primaria, casi en sexto, son pequeñitas y bien legibles. También compramos pilas para la bici estática que tienen los íos…


Después de cenar fuimos de nuevo al cine y visionamos El último dragón de Walt Disney. A nosotros dos nos gustaron mucho ambas películas (la de hoy y del día anterior que fuimos), pero a los mayores se ve que les hizo más tilín la segunda. Vimos y estuvimos con Marta que se durmió, por cierto, en brazos de su padre, que así se la llevó cuando acabó la peli. Teníamos tanta sed y, como no nos habíamos traído las cantimploras, hubimos de llegar al Club Diana, cuando volvíamos para casa, para que hicieran el favor de darnos agua fresquita a Saúl y a mí. Los mayores se hincharon de beber en casa. Nosotros no podíamos esperar, ellos sí. El sueño profundo y a pierna suelta fue muy gratificante esa noche.
MIÉRCOLES, 19 AGOSTO
Fue levantarnos, ver un rato la tele y desayunar cuando no tuvimos más remedio que echar un partido de fútbol en el inmenso y soleado patio de los íos, procurando jugar siempre por la sombra que el sol ya picaba. Después fuimos a devolver los libros leídos a la biblioteca municipal que seguía en obras y había que entrar por el lateral del edificio.
La ía, como madruga tanto, fue temprano a la plaza de abastos a comprar comestibles y ultramarinos para todos, pues comemos como una pupa viva. La vecina de enfrente, Mariani, nos regaló por segunda vez (luego lo haría más veces a lo largo de nuestra estancia en Úbeda) unos ricos higos variados (nigales, negros…) de sus higueras, recogidos con sumo amor. Se lo agradecimos de veras…
Llegamos a comprar a los moros por segunda vez y nos dimos una vuelta. Mami siempre se encarga de tenernos preparada cada jornada para que no sea todo tele, móvil y fútbol sino que nos dé el aire y conozcamos lo mejor posible esta bella Ciudad del Renacimiento que se llama Úbeda y que mira al sur…


Comimos patatas a la riojana, que traducido a nuestro lenguaje cotidiano es “papas con chorizo”. ¡Nos encantó, como siempre! Y, para más regusto, teníamos helados de postre. ¡Qué más se puede pedir! Después llegarían la lectura obligada de ambos y los videojuegos, que transcurrieron con normalidad.
Nos dieron (a Saúl y a mí) a elegir subrepticiamente que podíamos ir a la bolera y/o al cementerio municipal. Finalmente nos dirigimos a este segundo, con juegos de mi invención incorporados: hacer una competición (como ya hicimos en el cementerio de Vélez-Málaga) para encontrar al más viejo y al más joven enterrados en este recinto. Al final gané yo, como siempre; siempre los encuentro yo antes que nadie… Todo se torció (porque hubiésemos tenido tiempo de ir después a la bolera) porque Saúl se orinaba (y eso que el ío y mami siempre nos lo advierten antes de salir a la calle todos los días) y como no quería hacerlo en un arbusto del cementerio, ya cabreados todos, el ío se lo llevó a un olivar cercano y allí lo hizo, pero el mal ya estaba hecho y el cabreo de los mayores provocó que nos viniésemos a casa y no a la bolera como nos habían prometido y nos hubiera gustado a los dos. ¡Menudo es mi hermano…!
Por eso tuvimos tiempo de llegar a casa y jugar un partido de fútbol (en compensación de no ir a la bolera) y disfrutar de una cena esperada: mejillones al vapor con tortilla francesa e higos, para mí sobre todo estos últimos, a mogollón.


JUEVES, 20 AGOSTO
La levantada fue normal. Desayunamos lo que las monjas nos habían regalado y nos dio tiempo a jugar un partidillo de fútbol. Habíamos quedado en hacer una visita a la tita Prudencia, a las doce, en su casa, y allí nos dirigimos. Me llevé el diábolo para hacerle una exhibición, ya que en su época (ella tiene actualmente 92 años) eran solamente las niñas quienes practicaban ese juego en las calles y plazas de Úbeda. Luego también exhibiría mis habilidades baloncestísticas acertando muchas canastas desde lejos en la cochera de la tita Pepi. Por algo he estado militando en un equipo de baloncesto (el Fresas de la Safa de Sevilla). Estuvimos primero en su casa y nos regalaron -como siempre- unos cornetos que estaban para chuparse los dedos, hasta que nos cansamos de tanta charla de mayores y nos tuvimos que bajar a la cochera para rematar la visita y hacernos una entrañable foto de familia para tener siempre ese bonito recuerdo que cada año nos llevamos en nuestra memoria y álbum mientras que la tita Prudencia viva…
Después nos fuimos a comer al Restaurante Venecia, los cinco (mami, los íos y nosotros dos), para celebrar el 48 aniversario del casamiento de los íos. Tomamos pizzas a compartir y pasta italiana, ambas exquisitas. En los postres, la tarta de la abuela (que así la nombran en la pizzería) no podía faltar, aunque mi hermano se la dejó casi entera; por eso nos la trajimos en un táper que allí nos ofrecieron para el desayuno del siguiente día en casa.
Siesta, lectura, jueguecitos de móvil y partido de fútbol fueron llegando uno tras otro, sin que este último lo llegásemos a ganar ningún equipo pues cuando se cabrea Saúl (y yo; que quede claro, menos veces que él), hay que dejar el partido por donde vaya… Luego practicamos el ciclismo con la bici estática para rematar jugando al escondite por toda la casa y buscando más collares o aderezos para mami, como los que encontramos el otro día en el cuarto almacén de todo lo alto, mientras esperábamos a que Elisa, la mamá de Marta, nos llamase por teléfono o nos escribiese un WhatsApp para quedar con ellas en el Parque Norte a jugar; pero como no llamó yo propuse ir a la bolera, por si colaba mi proposición. Al final lo conseguí: fuimos a la bolera para jugar dos partidas y tres con coches de carrera. Mi hermano quedó el primero en una competición de carreras pero yo fui campeón en las tres.
Luego nos vinimos a la casa para cenar la riquísima ensaladilla rusa de la ía, con su mayonesa casera que no se la salta un galgo. Y a lavarnos los dientes, como todas las noches, y a descansar una larga noche, no sin antes jugar con el Duolingo de la ía que va la primera, casi siempre, en el curso de portugués que está estudiando desde bastante tiempo.


VIERNES, 21 AGOSTO
Nos levantamos a buena hora y desayunamos, además de las magdalenas con trozos de chocolate de las monjas, la tarta de la abuela de chocolate que ayer nos trajimos del Venecia. Luego no pudimos jugar al fútbol, pues lo intentamos dos veces, pues mi hermano y, a veces yo, pero menos, nos enfadamos por minucias que dificultan el juego.
Los íos se fueron a la plaza a comparar pescado y azafrán en hebra en el Azafranero que es más barato y en días anteriores estaba cerrado. Después nos duchamos para ir bien limpios y aseados a la sesión de fotografía que concertó mami con Lechuga y Ruiz, como casi todos los veranos. Aurora, la sensible y artística fotógrafa, con su mano izquierda y simpatía sin par, nos echó un montón de fotos interesantes y chulas para que luego mami escoja entre todas ellas las que más le gusten y poder hacer un bonito álbum recuerdo del verano 2026 que pasamos en Úbeda. Andrés nos dio a cada uno un montón de chucherías (que tanto nos gustan), por lo que los dos nos pusimos muy contentos. Las fotos fueron principalmente de nosotros dos, aunque también nos hicimos fotos curiosas y cariñosas entre nosotros con mami y los íos.


Salimos súper contentos de la buena sesión fotográfica. Andrés me mostró una foto mía de pequeño, cuando era rubio, que tenía en su álbum particular y me prometió que la pondría en su escaparate (como así lo hizo) para que viese toda la gente que pase por allí lo guapo que yo estaba de pequeño. Luego pasaremos a verla y admirarla. Después pondría una fotografía actual de los dos, recién salida del horno de la última sesión fotográfica que tuvimos con Aurora y otra foto grande del ío, antigua, que también está a la entrada de la tienda, con lo que quedamos todos muy contentos y agradecidos. Estos fotógrafos, aparte de ser buenos profesionales, son buenas personas y súper simpáticos…
Luego llegamos a la biblioteca municipal para devolver Polizón, 2 de Saúl. Íbamos buscando el 4, pero no estaba. Lo buscaremos otro día en las bibliotecas municipales de los pueblos de los alrededores de Úbeda.
Comimos boquerones fritos abiertos y sin raspa con patatas fritas, tan ricas, con ensalada variada de la ía de primero. Luego, mi hermano dio la lata un poco en la siesta hasta que despertamos a mami para hacer la sesión inaplazable e imprescindible de videojuegos con los amigos online de Sevilla. Y esperando que llegasen las cinco y media para marcharnos a Cástulo donde mamá tenía concertada una visita guiada para las 6,30 de la tarde. Menos mal que hoy ha refrescado en Úbeda y no hace tanto calor. Esperemos que en Linares haya pasado lo mismo. Pronto lo comprobaremos.
Tuvimos suerte pues nos ha pillado la actividad Atardecer en Cástulo un día fresquito. No pasamos de 30 grados y hacía hasta fresquito por sus extensos y polvorientos caminos y praderas. Salimos a las cinco y media de Úbeda y llegamos -sin novedad- a las seis y diez a la explanada redonda que hay ante la entrada al museo. Estaba cerrado todavía. Solo había un coche esperando que se nos había adelantado. Hasta que poco después llegó su director en su coche y el guarda jurado de turno abrió la puerta para que entrásemos todos. Finalmente nos juntamos un compacto grupo de unas veinte personas aproximadamente, de diferentes edades, solo estábamos tres niños, incluidos nosotros dos.


Primero nos puso su director, que sería nuestro guía durante toda la visita, un vídeo de siete minutos, precioso y esclarecedor, que él fue matizando y alumbrando -aún más- de una manera muy didáctica. Fueron más de dos horas de caminar por parte de su gran extensión, de la que el 3% es solamente lo que se ha descubierto de este Conjunto Arqueológico de Cástulo.
Nos figuramos cómo sería este emporio de ciudad con sus calles, sus casas… descubiertas por nuestro mismo arqueólogo, con sus especulaciones arqueológicas, etc.; en definitiva, fue un buen motivo para echar una tarde de verano fresquita y bien aprovechada, hasta cogimos (mi hermano y yo) un puñado grande de almendras; aunque hubo momentos en que yo andaba cansado de tanto rollo… Lo más sobresaliente fue la larga y docta explicación que nos dio Marcelo de la sala del Mosaico de los Amores de los siglos I-II después de Cristo; no se nos olvidará a todos los que lo escuchamos embobados, aunque nosotros estuviésemos ya un poco cansaíllos. Al principio estuvimos leyendo los niños las estelas funerarias que están junto a la entrada del recinto… La verdad es que luego, en la cena, con mamá hablando y preguntándonos algunas cosas de la actividad vivida se descubrió que lo habíamos pasado bien y nos habíamos enterado de más cosas de las que creíamos. Detalles que quedarán un tiempo en nuestro recuerdo. Así, Marcelo Castro, director y guía, dijo como Moisés: que sabía que no vería la Tierra Prometida, pues todo lo mucho que queda por descubrir de Cástulo serán las siguientes generaciones las que lo descubran y pongan más en valor aún de lo que fue esta urbe ibero-romana que hasta el siglo XV estuvo habitada y por la que pasaron tanta gente y razas que dejaron su huella a descubrir por las generaciones posteriores.


Ya era de noche cuando salimos de ese enclave arqueológico que tanto encanto y futuro tiene. Seguramente que volveremos otro año o verano, pues nos ha gustado mucho a todos.
La cena la tenía preparada la ía cuando llegamos. Como saltaba el horno cada dos por tres, las empanadillas hubo de freírlas con aceite, por lo que estaban más aceitosas pero sumamente ricas…
El descanso llegó a todos nosotros cual bálsamo milagroso que nos quitó cansancio y preocupaciones de un plumazo.


SÁBADO, 22 AGOSTO
Los íos se levantaron temprano (como siempre) y fueron a la plaza cercana de abastos, que cada día, por desgracia, está más despoblada de gente y vendedores, abandonada de la mano de Dios o del ayuntamiento, a comprar lo que diariamente necesitamos.
Nosotros nos levantamos a las nueve y media, desayunamos con la tele y principiamos un partido de fútbol pero, como se cabreó Saúl, tuvimos que dejarlo…
Llegó nuestra vecina Mariani para regalarnos higos fresquitos, pues venían recién recogidos de sus higueras. Nos los iremos tomando con muchas ganas y apetito, especialmente yo y los íos… (cuántas veces me habrán dicho que se dice al revés, no el burrito por delante…).
Como yo quería ir a Carrefour para verlo, me hicieron caso y subimos en el coche en dos viajes porque los cinco no cabíamos. Primero subió el ío a la ía y después bajó a por nosotros. Carrefour estaba a reventar. Cogimos un carrito enorme con la intención de llenarlo. Dimos varias vueltas y logramos convencer a los íos y a mamá de la necesidad de comprar helados y postres dulces variados, aunque también quisimos traernos comida basura, como la llaman los mayores, pero no tragaron. Siempre nos dicen que como las comidas caseras no hay nada. Luego el ío bajó a la ía y después subió por nosotros para irnos a casa a comer, no sin antes hacer algunos encargos como llegar por el albañil que nos había prometido hacer unos arreglos en la casa y andaba desaparecido…
La comida de pescada a la vasca estaba rica, aunque a nosotros dos no nos hiciera desamasado tilín, reconociendo, no obstante, que estaba muy buena. Luego llegó la siesta con nuestras lecturas y demás y después los jueguecitos con nuestros amigos online… Mi hermano se cabrea mucho porque no gana en el videojuego siempre o porque no dispara todo lo que a él le gustaría y, por eso, terminó cabreado.
Después nos fuimos a dar una vuelta en el bus eléctrico de Atlante. A las 7 estaba el bus completo con nosotros dentro. El ío fue el que tuvo más suerte, pues iba delante del todo, al lado de la guapa señorita conductora y guía, Marta. Muy simpática y puesta en la historia y monumentalidad de Úbeda.
Fue media hora o así lo que duró el viajecito por Úbeda, muy agradable y fresquito, pues sigue haciendo bastante fresquito para ser el mes de agosto y no estamos acostumbrados a estas agradables temperaturas veraniegas. Luego nos subimos andando por la Rúa y el Real y vimos el escaparate de Lechuga y Ruiz, en la Corredera, en donde me descubrí en la fotografía que Andrés me prometió que pondría ayer, cuando estuvimos en la sesión fotográfica. ¡Qué sencillo, sincero y agradable es! ¡Dios te lo pague, Andrés!


Después nos vinimos a casa a jugar un rato, ver la tele, averiguar los resultados de los partidos de fútbol que se jugaban, especialmente de nuestro Sevilla, con la alegría de saber que va el primero en La Liga, con seis puntos, pues ha ganado los dos partidos jugados, el último contra el Atletic con un contundente 1-3 a nuestro favor. Soy sevillista hasta las entretelas. ¿Por qué querré tanto a mi Sevilla? ¿Por qué será? ¡Ah!, y mi hermano Saúl también…
Y ya preparados para irnos a la plaza de toros de Úbeda a ver cómo se transforma en una discoteca de fin de semana con sus luces, sin sillas, con música a toda pastilla y la gente danzando y comprando comida o bebidas a todo pasto. Allí nos encontramos con nuestra amiga Marta y sus padres. Todos estuvieron muy marchosos menos nosotros y los íos que estuvimos casi todo el tiempo en las gradas sentados, oyendo música y viendo el ambiente tan raro que no habíamos visto nunca en esta plaza de toros. Marta estuvo muy marchosa y no paró de bailar con sus titos y padres. Nosotros -como somos muy tímidos- no lo hicimos así… Llegamos a la plaza justo cuando empezaba el espectáculo WE MUSIC. Era una reedición de las canciones ligeras y populares de los años 90 del siglo pasado. Ya estaba a oscuras con luces de discoteca y sin sillas, pues eso es lo que se pretendía. La mayoría de la gente, ya madurita, estaba en la pista o ruedo donde habían desaparecido las sillas del cine. Los que quisimos sentarnos hubimos de subirnos a las gradas de piedra que todavía estaban calentitas del sol que les había castigado todo el día y estaban duras como piedras que son, también. Menos mamá que se quedó abajo con su amiga Elisa, marido e hija, Marta. Nosotros cuatro nos subimos a las gradas para ver la discoteca desde lo alto (los íos, Saúl y yo).


Estuvimos allí hasta las doce disfrutando del ruido y música a partes iguales. El rocanrol tuvo mucho protagonismo…Ni mi hermano ni yo nos animamos a bailar, no somos bailones, sí vimos que Marta lo hacía con mucha gracia, así mismo sus padres, tíos y mami que se quedó con ellos.
Aunque veníamos cenados de casa y con los dientes lavados se nos abrió el apetito al ver que vendían pizza en el ambigú. Insistimos varias veces hasta que al final conseguimos que mamá se apiadara de nosotros y nos comprase un buen trozo de pizza para cada uno.
También estaba yo pendiente de cómo iban los marcadores de los diferentes partidos de fútbol que se jugaban esa noche. Nuestro Sevilla había ganado y el Real Madrid también, por hacerlo fuera de casa con el Español (1-2). En fin, que a las doce en punto nos vinimos para casa, a pesar de que los mayores seguían disfrutando de su música y ambiente discotequero recordando antiguos éxitos y momentos, para ellos inolvidables.
Mamá nos enteró de que hay cine en la plaza de toros de lunes a jueves y el resto de las noches de la semana son conciertos, normalmente gratuitos todos, como el cine, excepto alguno en especial, aunque luego la gente compra cosas como unas gargantillas fluorescentes o pulseras luminosas para fardar en la oscuridad de la discoteca, además de cenar allí de forma informal. Tuvimos que volver a lavarnos los dientes a la vuelta, antes de acostarnos, para que no se nos piquen. Veremos a ver a qué hora nos levantaremos, pues mi hermano quiere que desayunemos churros con chocolate y mami desea que vayamos al Centro de Interpretación de las Navas de Tolosa para hacer una visita turística que tanto le gusta a ella y que lleva tanto tiempo esperando. No sé si nos gustará a nosotros pero, de principio, como casi siempre, nos oponemos mi hermano y yo.
DOMINGO, 23 AGOSTO
Nos levantamos un poco tarde y a las diez y media nos fuimos a tomar churros con chocolate los cuatro. La ía no vino pero nos encargó que le trajéramos un churro para probarlo. Estaban muy buenos, como siempre. El que menos come churros y bebe chocolate es Saúl, pero están los mayores para subsanarlo y que no sobre.
Aunque, como siempre, protesté (protestamos, pues mi hermano en eso y en otras muchas cosas me sigue a pies juntillas), porque yo no quería(mos) ir al antiguo Centro de Interpretación de la Batalla de las Navas de Tolosa, sobre las once nos fuimos con nuestro coche. Y en una hora, más o menos, estuvimos allí. Hacía una mañana fresquita y el bello paisaje jiennense de olivares dominaba sobremanera. Llegamos bien, aparcamos y hablamos con la señorita que estaba a cargo en la entrada. Nos trató muy bien, pues mi hermano no pagó y nosotros tres (mami, el ío y yo) tuvimos tarifa reducida. Como en otras visitas turísticas nos dieron a cada uno nuestra audioguía y fuimos cada cual, número a número, marcando cada estación o parada para enterarnos bien de toda la información que allí contenía de esta famosa y trascendental batalla de la Reconquista. Había distintos pasillos y salas, todos ellos bien pertrechados de información, diálogos y músicas entretenidas en la audioguía.


La duración de la visita fue aproximadamente de una hora. El ío y mi hermano echaron muchas fotos para ilustrar esta crónica. También mami. Yo eché alguna solo, pero todos lo pasamos muy bien. Subimos a la azotea de la torre del homenaje y admiramos las maravillosas vistas que desde allí se divisan aprovechando para ver de cerca, desde los prismáticos o binoculares para miradores allí instalados, todo el panorama verde y montañoso que desde allí se divisaba con un sol espléndido. A mi hermano -a la salida del museo- le pidió una pareja de turistas que les echase una foto -con su móvil- ante la torre de la entrada. Les hizo dos estupendas. Les sorprendió que tan pequeño tuviese esa depurada afición y resolución a hacer fotografías por doquier. Le dieron las gracias. Después, nos vinimos por la misma carretera que habíamos venido pasando cerca de Vilches, Arquillos, el pantano del Giribaile, con su puente de Vandelvira casi hundido del todo en el agua; tanto al ir como al volver lo compadecimos al verlo en ese estado, emergiendo solo la parte de arriba que era por donde iba la carretera antigua, cual náufrago obligado a estar siempre en el agua. La música de nuestro coche (Canal Fiesta) también nos bien acompañó por el camino, animándonos, como a mí tanto me gusta. No sé por qué al ir se cortó la emisora casi todo el camino. A la vuelta, sin embargo, pudimos oír las canciones bien. ¡Milagros de la ondas hertzianas, como dijo el ío…! Llegamos a casa con la comida preparada por la ía, tan eficiente ella, con ese arroz de olla a presión, tan rico, que tan bien sabe hacer ella; y como teníamos mucha hambre nos pusimos hasta las asas, sobre todo yo, que con el postre de higos en abundancia nunca me falta. Mi hermano con su kiwi, como es menos comilón, va más que servido.


Llegó la siesta y después un nuevo partido de fútbol en nuestro patio, en el que perdí por 15-5 (el montante total competitivo de partidos va ya de 4 a 2 a favor del equipo que forman mi hermano y el ío). Todavía queda esta semana para empatarles o ganarles. No pierdo la esperanza. Ya se verá. Después leí un poco, aparte de ver la tele, que a veces es un foco de conflicto entre Saúl y yo porque nuestros intereses y gustos televisivos discrepan ya totalmente. Mi hermano hizo también con el ío los deberes que tocaban ese día de matemáticas que encargó su seño de primero de primaria María Jesús.


Y como a las nueve de la noche teníamos que estar en el Parque Norte para tratar de escuchar el concierto de la Banda Municipal de Úbeda, donde tocaban algunos hijos de Virginia, una amiga de mami y antigua alumna del ío en la Trinidad, nos subimos andando los cinco, aunque nosotros dos impulsando sendas naranjillas que encontramos la noche del sábado en la calle Nueva y que bien nos sirven de juego y talismán, pues así vamos sumamente entretenidos todo el camino hasta llegar al sitio en cuestión o de vuelta a casa, teniendo cuidado de no perderlas. La mía llegó sana y salva al Parque Norte y eso que en un paso de cebras de la avenida de la Libertad se me escapó y quedó en un filo de la calle. Menos mal que mi hermano y el ío lograron recuperarla. Sin embargo, la de mi hermano, por la calle Bétula se le metió bajo un coche y no pudimos cogerla.
Allí, en el Parque Norte, tanto los íos como nosotros encontramos a bastante gente conocida, mientras escuchábamos el concierto a distancia, pues no había un sitio libre donde poder sentarse, ya que todas las sillas estaban más que ocupadas y los bancos cercanos también. Había un gentío enorme, aunque a nosotros más que la música lo que nos interesaba era jugar y jugar con Marta y otros amigos de ella por el gran parque infantil que allí hay, como otras veces lo hemos hecho. A las once o así nos bajamos mientras Marta caía corriendo mientras jugaba con su padre, haciéndose una pequeña herida en su rodilla izquierda, creo.
Yo, como había dejado las naranjas aparcadas fuera del recinto las recuperé y en el camino mami consiguió otra naranjilla para mi hermano, por lo que bajamos súper entretenidos llevándolas con el pie hasta casa de los íos. ¡Ah!, se me olvidaba, la mía al final se me perdió en el camino y mi hermano me encontró otra, más dos que les dimos al ío para que nos las guardase de repuesto.
Aunque habíamos merendado-cenado antes de irnos al Parque Norte, cuando regresamos volvíamos a tener hambre y cenamos nuevamente, como decía la bisa, parece que teníamos tripa de paso, sobre todo nosotros y el ío.
Y a dormir nos fuimos con lo cansados que estábamos sin saberlo. Veremos a ver mañana qué programa nos tiene preparado mamá y cómo se lo protestamos…
LUNES, 24 AGOSTO
Me he levantado, nada menos, que a las once. Se ve que estaba agotado pues he dormido once horas seguidas. Mi hermano y mamá se despertaron a las diez, que no está nada mal tampoco, mientras los íos iban a la plaza y a los mandados más perentorios. Después desayunamos juntos Saúl y yo y nos marchamos a devolver el libro Policán, 3, que mi hermano se había leído. Fuimos nuevamente a la biblioteca pública de Úbeda pero el 4 no estaba. Como ahora nos gusta ir a los sitios andando, cada uno de nosotros dos vamos con nuestra naranjita de juguete como si fuese una pelotita que llevamos y traemos rodando allá donde vayamos. Lo difícil es que en el trayecto no se nos pierda alguna, a pesar del cuidado que le ponemos. Menos mal que el ío nos pertrecha de ellas en abundancia para que no nos falten. Ya de vuelta, mi hermano quiso probar si su naranjilla se caería en una alcantarilla por el tamaño, con tan mala suerte que se le coló y cayó al fondo sin posibilidad de cogerla… Se puso a llorar porque quería recuperarla, pero mamá no quiso en buena lid hacer la guarrada de sacarla hasta que el ío le dio otra nueva y se le quitó el llanto. De todas formas tardó un buen rato en asimilarlo. Llegamos sin novedad a la cochera y allí pusimos junto a la pared las cuatro naranjillas que tenemos cada uno para que no se nos olvide este nuevo juego que hemos inventado este espléndido verano.
En la comida de la abuelita destacó el picadillo de Úbeda con ochío que bien nos reconfortó a todos. Los postres no estuvieron nada mal: mi hermano quiso un kiwi y un mini helado de chocolate negro y yo mis cinco higos más el mini helado de chocolate blanco. Todo fue a pedir de boca. Solo me enfadé con Saúl porque lo mandé a que me trajese una golosina y se le cayó precisamente el juguetico que la contenía, justamente la mía y no la suya. También es tener mala suerte. ¡Es que tiene unas manos de huevo…! Lo que más rabia me dio es que fuese el mío y no el suyo… Después llegó la siesta. Mientras mamá se la echaba nosotros dos estuvimos haciendo los deberes de matemáticas de Saúl, los dos solos. Él fue quien los hizo, yo solo fui su maestro y supervisor, con la posterior mirada y repaso del ío.
Estábamos impacientes porque ya quedaba poco para que se levantase mami y pudiéramos empezar a jugar con nuestros amigos por internet. Una vez bien jugados y satisfechos volvimos a jugar al fútbol pero el más difícil todavía era encestar en la canasta del patio, mas con el pie y no con la mano. Yo acerté alguna vez. Saúl ninguna.
Luego nos arreglamos y dimos un primer viaje en coche para llevar varias bolsas de ropa a Cáritas y después bajamos a la cochera a dejar el coche y subirnos andando al Parque Norte pues habíamos quedado con Toni, la antigua cuidadora del primo Antoñito en Peal de Becerro. Cogimos nuestros talismanes actuales: las naranjillas de cada uno, más dos de repuesto o reserva, cada uno, que las llevaba el ío en sus bolsillos del pantalón, por si se nos perdieran las primeras o nos las quitasen cuando las dejásemos apartadas en la entrada del Parque Norte.
Como habíamos quedado a las siete y media de la tarde, poco antes ya estábamos sentados en uno de los bancos del centro del parque y al poco llegó Toni que había aparcado su coche junto a la Ermita del Paje. Nos saludamos, besamos y abrazamos y estuvieron charlando los mayores un buen rato hasta que viendo que nosotros dos nos poníamos nerviosos decidieron que nos fuésemos todos a tomar un helado o lo que fuese a los Valencianos que hay frente al Parque Vandelvira, que tan buen género tiene…
Tuvimos suerte porque cogimos la única mesa que había libre y ahí tomamos mi hermano y yo una tarrina mediana de dos sabores con el cono de canela correspondiente aparte para comérnoslos después. Los mayores tomaron limonada, una tarrina mediana de chocolate sin azúcar y dos batidos de chocolate de helado hechos por los mismos heladeros al momento. Mientras estuvimos tomando el helado todo fue bien y las charlas de los mayores no cesaron, pero cuando nosotros acabamos ya empezamos a discutir o pelearnos, como buenos hermanos que somos, por lo que tuvimos que levantar el campo e irnos andando nuevamente al parque. Allí nos despedimos de Toni que nos había traído de regalo una bolsa con higos, peras, pasas y tomates de su tierra, todo muy rico por cierto. Nosotros le correspondimos regalándole una caja de pastas de té con almendras de las monjas carmelitas que compramos el otro día.
Mientras mami y la ía se fueron con Toni para despedirse en donde había aparcado su coche nosotros nos quedamos jugando un rato en el parque con el ío. Luego, a la hora de irnos, nos llevamos la desagradable sorpresa de que nos habían quitado nuestras dos naranjillas que habíamos dejado aparcadas fuera. Yo me lo tomé a mal y tardé un rato en aceptarlo hasta que el ío, por fin, nos convenció de coger cada uno su naranja de repuesto y ya bajamos tranquila y sumamente ocupados y entretenidos hasta casa tratando de que nuestras nuevas naranjillas no se perdiesen debajo de cualquier coche o en la panza de una hambrienta tragona…
Menos mal que llegamos sanos y salvos y cenamos todos, menos mi hermano, que con el helado había quedado más que satisfecho. Nos acostamos y hasta las diez o más estuvimos del día siguiente durmiendo tan ricamente.

MARTES, 25 AGOSTO
Hoy desayunamos en casa, aunque no nos hubiera importado comer churros con chocolate (especialmente a mí), a pesar de que lo haremos más días con el tito Antonio o con Rosa Mari Llinares, nuestra amiga y de los íos…
Con mi enérgica protesta nos fuimos a visitar el Museo de San Juan de la Cruz, los cuatro: mami, el ío, Saúl y yo. Para paliar las fatigas del viaje y el enfado nos llevamos nuestras naranjitas para que se nos hiciese más corto y llevadero el camino…


Entramos en el museo. Vimos pacientemente todas las salas, echando muchas fotos, a partes iguales entre mi hermano y yo. Nos gustó de veras todo y más con lo bien amenizado e ilustrado que nos lo hizo mami, pues es una enamorada del santo carmelita en todas sus vertientes. Podría anotar muchas anécdotas de las que somos protagonistas directos los dos hermanos. Anotaré dos de mi hermano, una del museo y otra del viaje en trenecito de Artificis que hicimos después. En la sala del museo de arte contemporáneo mami nos señaló una escultura de Tito indicando que en ella se representaba al santo con el milagro de los espárragos y Saúl, continuando la explicación de la sala, ante un cuadro de San Juan de la Cruz sentado, que está hecho de losetas de cerámica, dijo «Y aquí está en el váter». La segunda es que, nada más bajarnos del tren, Saúl dijo, como si tal cosa, que casi todo lo que habíamos visto era de la familia de los Cobos…


El viaje en trenecito largo nos fue muy bien. Echamos algunas fotografías al principio y luego pudimos admirar el paisaje olivarero y monumental de nuestra ciudad en una mañana soleada, pero fresquita para el mes de agosto en el que nos encontramos.
Cuando volvimos del viaje, frente al Salvador, íbamos satisfechos pero hambrientos. Recorrimos las calles que nos separaban de casa con nuestras naranjillas sin que se nos perdieran.
La comida de la ía: patatas con choco, nos sentó divinamente, aunque la fruta y, sobre todo, los helados que compraron esta mañana los íos en Más y Más nos supieron a gloria. Tras ella llegarían la siesta, los jueguecitos y finalmente un partido de fútbol que me ganaron por los pelos (15-14), quedando el montante general en 5-2 en mi contra.
Luego fuimos a Carrefour a comprar más galletitas y queso para la ía, que nosotros también catamos, aunque, al final, cargamos la cesta de la compra con otras muchas más cosas. Los íos nos regalaron un libro titulado MURDOKU, que era de hacer investigaciones policiales. Nada más llegar a casa nos pusimos ambos hermanos a la obra para ir resolviéndolo poco a poco. Un buen rato no hubo niños en la casa…
Después cenamos temprano, pues habíamos quedado con Marta y sus padres para tomar un helado en Los Valencianos de la calle Nueva con el fin de pasar un buen rato, juntos y divertidos.
Por eso, cuando llegamos a las 9,30, cogimos dos mesas y sus correspondientes sillas y cada cual pidió lo que quiso. Tanto Marta como nosotros pedimos una tarrina mediana que nos supo a gloria fresca. Luego jugamos mucho rato, los tres, tanto en el parquecillo infantil próximo, que ya se nos ha quedado pequeño, como por las escaleras y rampas de Hacienda, en donde jugamos e hicimos carreras que yo me inventaba ya que era el mayor del los tres, a ver quién ganaba. Con mi reloj me puse la meta de conseguir gastar 50 kilocalorías y tuve que darme un lote de correr por etapas, teniendo que pausarlo varias veces para recuperar el resuello.
Estuvimos todos (los mayores con sus charlas y recuerdos interminables) y nosotros correteando y jugando hasta pasadas las once de la noche. Nosotros dos volvimos con mamá por el atajo de la calle las Minas, mientras que los íos se fueron por la calle Nueva en busca de la Plaza del Reloj y la Corredera. Les ganamos por goleada, pues llegamos mucho antes. Después llegaron la limpieza de dientes y el acueste a las doce.
MIÉRCOLES, 26 AGOSTO
Yo me levanté cerca de las diez mientras Saúl y mami siguieron durmiendo bastante más. Ya recargadas las pilas y con ganas de jugar al fútbol, correr, saltar y pelearnos los hermanos por cualquier minucia. Por algo somos hermanos y tenemos los mismo intereses glósicos y de todo tipo.
Los íos, como siempre, se habían levantado temprano y habían ido a Correos de la calle Trinidad a recoger una carta certificada de Hacienda, antes de que abriera a las ocho y media, y a la farmacia, a las nueve. Después llegaron a la plaza de abastos y a Más y Más a comprar.
Cuando volvieron aún estábamos durmiendo los tres, aunque yo me levanté primero, eran casi las diez, y mi hermano y mami cerca de las once. Luego, cuando desayunamos, nos quedamos jugando al fútbol y descubriendo e investigando el interesante libro que nos regalaron los íos, mientras ellos marcharon a Baeza para comprar aceite ecológico -en cantidad- en la tienda Renacimiento para llevárselo a Sevilla, aunque nos invitaron a ir con ellos preferimos, mi hermano y yo, quedarnos en casa con mami. Cuando volvieron nos dieron una grata y agradable sorpresa: que venían a vernos los titos Mónica y Emilio desde Alcázar de San Juan, a celebrar el santo de la tita que es mañana.
Cuando llegó la hora de comer, como el ío había encargado una mesa para siete en el Porche, allí nos presentamos los cinco esperando ver, besar y abrazar a los titos. Cogimos mesa y como faltaban unos minutos para la hora acordada (las tres de la tarde) salimos a la calle para ver por dónde vendrían.


Como todo lo convierto en juego o acertijo, pedí que cada uno adivinara por la calle que ellos llegarían. Mi hermano se inclinó que llegarían por arriba; yo (y luego la ía, que salió después del Porche) abogamos porque los veríamos aparecer por la calle de abajo; y el ío aseguró que se presentarían por la calle en la que estábamos esperándolos, que es la que da con la estación de autobuses de Úbeda. Finalmente el ío fue el único que acertó.
Llegaron y nos dio mucha alegría, pues hacía tiempo que no los veíamos. Los besamos y abrazamos y ya penetramos todos juntos en el Porche para comer. Nuestra mesa de siete comensales estaba en el centro del recinto y ya había otras mesas ocupadas por cada familia o amigos. Mi hermano y yo pensábamos qué regalo nos traerían en esta ocasión, pero no lo dijimos, pues, según dicen los mayores, eso es de mala educación…
Lo primero que pidieron los mayores fue para nosotros, Saúl y yo: un filete de ternera (enorme) para cada uno, con patatas y los mayores quisieron de primero varios platos al centro para compartir como les solían decir a los camareros que nos atendían y un segundo particular para cada uno. Acabamos con el postre dulce, como siempre nos gusta, que pedimos casi todos. Melón dulcísimo para el tito Emilio, que estaba buenísimo pues lo probé, doy fe. Estaba dulce como el caramelo o helado de leche. Nosotros quisimos coulants (Saúl y yo) que estaban superiores. Las tartas de tres chocolates de los íos se veían y olían impresionantes. Ni la tita ni mamá tomaron postre. Total que eran más de las cinco cuando nos fuimos a casita. Nosotros cuatro en nuestro coche del ío, pues mami quiso bajarse andando a casa, y los titos con el suyo, aunque mi hermano y yo queríamos haber ido con el coche del tito Emilio, pero como venían muy cargados no había sitio para nosotros dos. Lo dejamos para montarnos en otra ocasión, cuando se pudiera.
Llegamos a casa los segundos, pues ya el tito Emilio y la tita Mónica nos habían echado la delantera, y al ratillo mamá, que se había venido andando, porque se mareaba en nuestro coche al sentarse en la parte de atrás. Lo primero que hice fue echarle una partida de ajedrez al tito Emilio, que la perdí por los pelos, y eso que al principio estuve a punto de darle un jaque temprano parecido al jaque pastor, que también sé dar, pero como me dio cosa mira cómo lo pagué: perdiendo. Luego estuvimos haciendo uno de los ejercicios de investigación del libro que nos regalaron los íos del Carrefour. Como eran casi las seis nos fuimos con el coche del ío a la bolera y allí jugamos dos partidas, formando dos equipos: Saúl con el tito Emilio y yo contra ellos dos. La primera partida la gané yo. La segunda ellos. Así que quedamos empatados. Yo hubiera querido hacer una tercera de desempate pero no consintieron los mayores. Transigieron solo en que nos montásemos tres veces cada uno en coches o motos virtuales. Mi hermano necesitó al tito Emilio para que le ayudase a pulsar el acelerador y llegó dos veces el primero. Yo solo fui primero una vez, porque las otras dos me monté en una moto y aquello no había quien lo dominara. Después nos vinimos para casa y cuando llegamos tocaba jugar un partido con la misma alineación de siempre. Saúl y el ío formaban un equipo; y yo otro, con la suerte de tener un árbitro imparcial que era el tito Emilio. No llegamos a terminarlo porque nos cabreamos y cansamos. Hicimos un receso, pero en esto que la tita Mónica le dijo al tito Emilio que ya debían marcharse porque quedaban muchos kilómetros por delante y eso que Saúl y yo los invitamos para que se quedasen a cenar. Pero no pudo ser. Como lo prometido era deuda nos fuimos con el tito Emilio para montarnos en su coche y probarlo con el fin de dar una corta vuelta por Úbeda. Nos pusimos los cinturones de seguridad, los dos, y quedamos admirados cómo el coche se convertía en un deportivo muy chulo quitándole el techo automáticamente. ¡Qué coche fantástico tiene el tito Emilio! Cuando sea mayor yo quiero tener uno así… Cargaron lo que tenían que llevarse, además de aceite ecológico de la tierra y nos abrazamos, besamos y despedimos con gran pena, hasta que nos veamos la próxima vez.
Cuando se fueron, nosotros pedimos nuestra razón diaria de jueguecitos, que bien se los estuvimos explicando al tito Emilio, los dos, antes de que se marchasen.
Y ya estamos terminando de jugar intentando alargar el tiempo que nos corresponde como un chicle para disfrutar plenamente. Nos toca cenar pronto, en cuanto se nos abra el apetito, pues al comer hoy muy tarde todo se ha retrasado. Y luego, a acostarnos no tan tarde como otros días, pues mañana, a las diez, hemos quedado para desayunar con nuestra amiga Rosa Mari Llinares Armengot esos churros con chocolate (ubetenses) que tanto nos entusiasman.

JUEVES, 27 AGOSTO
Tuvo que despertarnos el ío a las nueve y media, porque si nos hubiese dejado hubiéramos estado durmiendo hasta las once o más, ya que habíamos quedado con Rosa Mari Llinares para desayunar en la churrería. No hubo más remedio que levantarnos, asearnos y arreglarnos para estar puntuales en la Churrería Millán de lo bajo de la Corredera de San Fernando.
Nosotros llegamos puntuales y Rosa Mari también, aunque tuvo que dejar su coche en el aparcamiento de los bajos de la Plaza Vieja o del Reloj, porque no encontró sitio en los aledaños de la plaza de abastos.
Nos saludamos y besamos nuevamente, pues ya el otro día el ío la había encontrado en el Parque Norte. Los churros con chocolate estaban estupendos y en su punto, aunque ella solo comió un tallo y se tomó un descafeinado. Estuvimos hablando de muchas cosas, sobre todo los mayores. Nosotros contamos cosas de Sevilla, de Úbeda, del cole o de nuestras excursiones veraniegas de este verano.
Al final fue nuestra amiga Rosa Mari la que nos invitó a todos y además nos trajo en un sobre blanco el regalo que todos los años nos suele hacer para incrementar los ahorros de nuestras cartillas bancarias. Se lo agradecimos de veras y le dimos un beso y nuestras gracias más sinceras.
Luego nos subimos andando y charlando por la Corredera, pues yo quería enseñarle la foto que tienen expuesta Lechuga y Ruiz en su escaparate. Después compramos plástico para envolver un cuadro que quiere mami restaurar en Baeza por una restauradora que conoce. Luego, llegamos a la plaza para comprar pescado, verduras, frutas y uvas negras sin pepitas, a petición mía. Después nos bajamos a casa para jugar al futbol, aunque duramos poco porque esta vez me enfadé yo, porque mi hermano me rayó mi reloj. Se me olvidó quitármelo para jugar… Otra vez será.
Los boquerones fritos estaban tan buenos o mejor que los de la Cueva de Torre del Mar. La ía hizo muchas patatas fritas que mi hermano (y los demás) sí comieron. Yo no, pues momentos antes de la comida me había zampado, por dos veces, uvas negras sin hueso que habíamos comprado en el mercado, agregado el cabreo que llevaba. Tampoco comí más fruta. ¡Cómo estaría mi cuerpo y ánimo para rechazarlas!
También estuve jugando una partida de ajedrez con el ío que conseguí dejar en tablas, a pesar de que iba perdiendo yo por goleada, pero como sé que repitiendo la misma jugada, por tres veces, con el rey se consiguen tablas, así lo hice y sorprendí al ío. No quería que se repitiese la victoria de ayer del tito Emilio sobre mis fichas de ajedrez.
Y ya se subió mamá a echarse la siesta mientras los íos hablaban con la tita Mónica, felicitándola por su santo. Los jueguecitos, tras la siesta de mamá, no se hicieron esperar y el rato que estuvimos con ellos no hubo niños en nuestra casa…
A las seis, pensamos ir a Baeza, una vez estuviese preparado el cuadro por mami y con la ayuda de la ía, para dejarlo en el taller de la restauradora hasta que nos avise para que podamos recogerlo como nuevo. Al final solo llevaron el cuadro mami y el ío, pues no cabía nadie más, ya que ocupaba toda la superficie de los asientos de atrás y el maletero. Llegaron a Baeza en un periquete, pero el GPS, según nos contaron, los llevó por camino equivocado, pues no podían pasar por la plaza del obelisco o principal (ya que está cortada por obras) y tuvieron que dar la vuelta por la antigua circunvalación hasta llegar al taller de restauración, donde sacaron el cuadro y se lo entregaron a la restauradora, Teresa López-Obregón Silvestre.
Nosotros nos quedamos en el patio de casa jugando con el balón mientras la ía hacía sus cosas. Cuando ellos volvieron jugamos un rato al fútbol en el patio y luego cenamos tranquilamente. No teníamos asuntos de importancia que resolver. Por eso quisimos-mi hermano y yo- que nos diera una vuelta el ío con su coche por la villa arriba y la villa abajo de Úbeda, también por la villa de en medio, al color y fresquito de la noche ubetense para poder retener y admirar el bello paisaje urbano y campestre (el mar de olivos que define Antonio Muñoz Molina paseando por la hermosa Ronda de Miradores) que fuimos divisando atentamente, escuchando a su vez la emisora de radio que a mí tanto me gusta y encanta: Canal Fiesta. Hasta que volvimos satisfechos a casa y, ya cansados, nos acostamos temprano todos, incluidos los íos, para charlar tranquilamente en la cama y hacer como si fuese fuego de campamento. La verdad es que salieron temas importantes, interesantes y dignos de charlar y recordar hasta que el sueño nos venció a todos.


VIERNES, 28 AGOSTO
Yo me levanté tras la ía y antes que el resto de la gente de la casa. Cuando se levantó mami y mi hermano, que fue el último, él se puso a ver la tele mientras lo íos y yo fuimos al Mas y Más y a la plaza de abastos a comprar abastecimientos para la casa. Destacar que la ía compró mejillones para la noche con la ensaladilla tan rica que le acompaña, que nos encanta a todos, especialmente a Saúl y a mí.
Después desayunamos nosotros dos viendo la tele, mientras el resto de la familia lo hacía en la cocina. La fruta nos gusta hasta en el desayuno. Yo tomé mango y uvas mientras mi hermano se comió un hermoso kiwi. Como el ío me echó demasiadas uvas negras, él se las terminó de comer, para no tirar ni desperdiciar nada (En casa del pobre, reventar antes que sobre, es un dicho muy de los íos).
Luego nos lavamos los dientes y nos arreglamos para subir al mercadillo y ver al tito Antonio para quedar cuándo íbamos a sus campos y heredades. Quedamos en que lo haríamos esa tarde a las ocho o las nueve, ya que hace un fresquito impropio de esta estación del año y más últimamente con el dichoso cambio climático.
Nos subimos al coche, aunque mami prefería que lo hiciésemos andando. Aparcamos en lo alto del Cerro de la Atalaya, donde ya hay muchos chalés hechos y otros en construcción. La primera visita que hicimos fue al tito Antonio, que nos regaló un par de raquetas con volante y pelotita para que las disfrutemos en el inmenso patio de los íos donde también jugamos al fútbol y baloncesto. Al ío le regaló un elegante sombrero de verano negro…
Había un gentío enorme por lo que a mitad del recorrido mami y nosotros dos nos metimos para aventajar por una de las puertas principales del Parque Norte, mientras los íos seguían su ruta circunvalándolo. Después estuvimos delante de la Ermita del Paje mientras ellos iban saludando a familiares y amigos que se iban encontrando cada dos por tres. Vieron a María del Mar que vive en Coín (Málaga) y a su hermana Ana, la que vive en Cataluña, con sus tres hijos. Quedaron con Mar en que otro año la llamemos cuando estemos en Torre del Mar para vernos allí o en Coín…
Y para bajar a casa se dividió el grupo: la ía, mami y Saúl se bajaron andando y nosotros dos (el ío y yo) fuimos a por el coche mientras veíamos la cantidad de aparcamientos vacíos que íbamos encontrando ya a esa tardía hora. Las leyes de Murphy que refiere a menudo el ío…
Nos montamos en el coche y vimos y admiramos los nuevos chalés construidos desde el año pasado y los que estaban por construir. Yo pensé que me gustaría tener dinero para comprar allí un chalé bonito con tres ventanas para mami y nosotros y regalarle otro a los íos para que vivieran junto a nosotros…
Nos dimos dos hermosas vueltas por Úbeda, que nos sirvieron para saber y admirar lo bueno y bonito que tiene esta ciudad y todo lo chabacano y de mal gusto que poco a poco le han ido añadiendo o agregando por cualquier parte a esta bella ciudad de mami y los íos que tanto amo -y mi hermano también- como si fuera mía, lo que es, sin renunciar a mi querida Sevilla de nacimiento. La limpieza de la ciudad deja mucho que desear… Es una pena… En eso se parece a mi ciudad de nacimiento.
Llegamos a casa a punto de comer. Nos lavamos las manos y paladeamos y/o saboreamos lo que tanto nos gusta: las papas con chorizo, que estaban de muerte, como que las hace la ía. La fruta de postre también la disfrutamos de veras: yo tomé dos albaricoques deliciosos y mi hermano nada de postre, pues quedó bien satisfecho con las patatas a la riojana. Ambos repetimos plato. Estaban tan ricas…
Y después jugué al ajedrez con el ío y le gané, y eso que mi hermano le ayudaba. Me cuesta vencerlo, pero ya lo voy consiguiendo, pues desde que él me enseñó hace años casi siempre me gana él. Estamos entrando, en ese tema y en otros, en tiempos nuevos y beneficiosos para mí. Esperemos que siga así mucho tiempo.
Después jugamos con mis amigos Jose y Lucca a los jueguecitos del móvil que tanto nos gustan y nos lo pasamos maravillosamente bien. Mientras mami estaba con su amiga Virginia nosotros dos nos fuimos con los íos a tomarnos unos helados en Los Valencianos. Nos estamos haciendo asiduos. Yo quise ir a Baeza pero el ío me razonó que estábamos pendientes de la llamada del tito Antonio para ir a su campo de excursión. Finalmente lo hizo a las siete y media cuando volvíamos con nuestras naranjitas de juguete por la calle Caldereros. Quedamos que a las ocho lo recogeríamos en la puerta de su casa y nos iríamos con él a dos olivares, si daba tiempo, antes de que anocheciese.
Primeramente me dieron a elegir a cuál olivar iríamos primero y yo elegí el del Arroyo de la Dehesa que tenía parras e higueras, mientras que el segundo sería el de la Fuente de la Alameda donde había higos blancos y almendras.
Cuando llegamos al primero y entramos con el coche hasta llegar al mismo lado de la parra, nos disponíamos a coger algunos racimos de uvas para llevarnos a casa y mira por donde vimos tres ratas que estaban encaramadas en lo alto de la parra y que en cuando nos vieron se bajaron de inmediato y se metieron por el pozo que hay debajo. Cogimos bastantes racimos -que estaban en su punto- entre mi hermano, el tito Antonio y yo mientras el ío sujetaba la bolsa donde las íbamos depositando. La llenamos al completo. Después fuimos a coger otra media bolsa de higos negros que estaban en su punto, siempre primero tocándolos, porque si estaban pelotes los dejábamos en la higuera para que madurasen. Después cogimos el coche y aunque ya iba declinando el día tuvimos tiempo de llegar con luz antes de que anocheciera al olivar de la Fuente de la Alameda. Allí cogimos higos negros y blancos. Tanto el tito Antonio como yo nos comimos in situ algunos, pues estaban buenísimos y fresquitos, ya que ya iba haciendo fresco. Después fuimos a coger algunas almendras pero como ya era casi de noche no se veía bien, a pesar de haber encendido la linterna de su móvil el tito Antonio. Cogimos algunas que luego veremos si están vanas o no. De todas formas pasamos un par de horas muy entretenidos y agradablemente, pues no es lo mismo ir al campo de excursión -como nosotros- que tenerlo que trabajar por obligación durante todo el año…
De vuelta, ya de noche, vimos cruzarse por el carril que circulábamos (y quedar deslumbrado) un conejito o liebre que luego huyó hacia el padrón izquierdo. ¡Qué ilusión me hizo verlo (y a mi hermano también)!
Dejamos al tito en su casa puesto que nos fuimos con el coche de mami. Cenamos los mejillones y la ensaladilla que había hecho la ía. Estaban riquísimos y encima esta vez aquellos eran muy hermosos y sabrosos también. Después yo pedí de postre uvas e higos blancos de la recolección o cosecha que habíamos hecho poco antes. Estaban ambos buenísimos solo que las uvas tenían mucha pepita y le pedí al ío que me las quitase, por favor, para yo comerlas mejor y más rápido.
Luego llegó lavarse los dientes y la parafernalia que le acompaña, una vez puestos los pijamas y preparados para el ataque de sueño que pronto se nos iba a producir.
Hasta mañana que desayunaremos churros con chocolate todos, nosotros cinco con el tito Antonio. ¡Felices sueños para todos!
SÁBADO, 29 AGOSTO
A la nueve y media tuvo que despertarnos el ío para estar a las diez en la churrería, que era a la hora que habíamos quedado con el tito Antonio.
Llegamos los primeros y cogimos dos mesas unidas en la parte de afuera. Cuando el tito llegó pidió el ío seis chocolates con seis raciones de churros. ¡Estaban buenísimos, como siempre!
Luego fuimos con los íos a comprar, en el mercado de abastos, pescado y frutas. ¡Qué desangelada y abandonada está la plaza de abastos de Úbeda! Nosotros dos nos quedamos jugando en el ancho y extenso trozo en el que no hay casetas hasta que llegó el ío y nos fuimos a comprar ropa interior a Jaque. Nos trajo las dos naranjitas y dos más de repuesto o reserva, por si hiciesen falta. Por eso los cuatro (pues la ía se quedó en casa para hacer la comida), fuimos caminando y jugando con nuestras naranjitas que dan tanto juego. El ío se paró a saludar y charlar con su amigo Eduardo Jiménez Torres, ante el Club Diana, mientras nosotros seguíamos adelante por la calle Nueva hasta que llegamos a Jaque. Allí había un gentío enorme y tardamos bastante rato en que atendieran a mami y ella terminase de comprar. Eran más de las doce cuando salimos y volvimos para casa. Esta vez nos fuimos por el atajo de las calles Minas y Caldereros. El tito Antonio y el ío iban por detrás charlando tranquilamente ya que tenían muchas cosas que contarse como buenos hermanos que son y vivir a la distancia que los separa.
Ya en casa, mientras terminaba de hacer la comida la ía (tan rica que esperábamos: pasta) invitamos al tito a echarnos un partido de fútbol en nuestro patio. Para ser equitativos hicimos dos equipos: Saúl y el tito Antonio, por un lado; el ío y yo por otro. Todos sudamos bien la camiseta y al final ganamos nosotros ajustadamente por 15-12, aunque a Saúl eso no le gustó y pretendió que el ío se fuera a su equipo y eso era demasiado: tres contra mí solo…
La ía invitó al tito a que se quedase a comer, si quería, pero como él ya había encargado su pollo con patatas para comer con los dos primos, Fernando y Pablo, declinó la invitación.
Nos despedimos besándonos y antes de despedirse nos dio -a cada uno- un regalo de un billete que engrosará nuestros ahorros de la hucha, juntamente con los que nos dio Rosa Mari Llinares y los que nos darán, estoy seguro, los íos cuando acabe el verano, como vienen haciéndolo siempre. ¡Nos vamos a hacer ricos…!
La comida fue fantástica, pues repetimos nosotros dos (Saúl y yo) lo menos tres veces hasta que acabamos con los macarrones. La fruta rica fue nuestro postre. Saúl tomó un kiwi y yo veinticinco uvas y cuatro higos de los que cogimos ayer. A mi hermano lo premiaron con un cono de helado.
Luego mamá se acostó a la siesta y nosotros estuvimos viendo en la tele La ruleta de la Fortuna que a mí particularmente me encanta y, a las cuatro, nos pusimos a jugar con nuestros jueguecitos de internet que tanto nos enamoran y esclavizan (según dicen los mayores)…
Después fuimos a despedirnos a La Bolera donde ya había bastante gente divirtiéndose. Nosotros hicimos dos partidas enfrentando a Saúl conmigo. La primera, la gané yo. La segunda, él. Luego nos montamos varias veces en el coche virtual donde quedé yo primero todas las veces mientras que mi hermano solo fue campeón en su última partida.
Volvimos para cenar en casa, pues nuestra madre había quedado a las nueve con dos antiguas compañeras de 8º de EGB (Manoli y Julia) cuando la cursó en el CEIP Santísima Trinidad de Úbeda. Ya veremos qué nos cuenta cuando vuelva ya tarde, supongo.
Nosotros (los cuatro: Saúl, los íos y yo) aprovechamos para darnos una vuelta en el coche por toda Úbeda con el fin de admirar sus monumentos, paisajes y vistas nocturnas y poder ir escuchando música de la que a mí me gusta y charlando de temas diversos, especialmente los que nos interesa a los niños. Como jugaba el Sevilla contra el Atlético de Madrid en casa quise ver por internet cómo iba y me llevé una decepción al finalizar el primer tiempo, pues iba perdiendo por tres goles en casa. ¡Veremos a ver cómo acaba esto! Creo que nada bien. Al final, perdió por 1 a 3. ¡Qué decepción…!
Después de darnos una vuelta con el coche nos pusimos a ver la tele y luego surgió la discusión en que cada uno de nosotros (Saúl y yo) queríamos un programa distinto. Como tenemos diferente edad y aficiones… El ío lo zanjó quitando la tele y diciéndonos que nos pusiésemos los pijamas para acostarnos pues mamá -cosa rara en ella- se retrasaría en tiempo, ya que estaba reunida con sus dos compañeras de promoción de EGB. Saúl no quería acostarse sin que viniese mamá, incluso la llamó por teléfono con el móvil del ío para ver cuándo vendría, pero estaba apagado o fuera de cobertura, por lo que finalmente nos fuimos a acostar con el ío en nuestro dormitorio. Caímos pronto en los brazos de Morfeo, aunque cuando estamos súper cansados y con sueño a mí me da una risa boba que me río por todo y ambos hermanos nos ponemos agresivos. Al poco de estar durmiendo nosotros llegó mamá. Luego seguimos durmiendo durante toda la noche. Ya veremos a qué hora nos levantaremos. No tenemos ninguna cita previa prevista con nadie…
DOMINGO, 30 AGOSTO
Me levanté a las nueve. Después de asearnos y desayunar los íos fueron al Día para comprar unas cosas necesarias para el viaje de mañana a Sevilla. Luego nos fuimos, con las naranjillas, de camino para visitar Santa María de los Reales Alcázares. Entramos en ella gratuitamente gracias a que mi madre y el ío son de Úbeda. Verdaderamente nos encantó y ambos hermanos echamos muchas y bonitas fotos. La patrona, la Virgen de Guadalupe, no estaba en su capilla sino en el Altar Mayor y había bastante gente entrando y saliendo de la iglesia. La mayoría eran ubetenses que iban a rezar a su Virgen, el resto éramos turistas que queríamos verlo todo. Como novedad vimos que por la sacristía se accedía a unas salas que antaño no se podían visitar, en las que había una exposición de dibujos del artista ubetense Manuel García Villacañas y otra en la que, a oscuras, se podía visionar un vídeo de cinco minutos donde se explican los orígenes de Santa María con música y texto encantadores, condensando la historia de este enclave tan fundamental en el devenir de la ciudad de Úbeda. Echamos, como siempre, muchas fotos, que el ío mandará a sus amigos por WhatsApp y también servirán para acompañar o ilustrar esta crónica mía.
Después volvimos a casa de la ía que nos tenía preparada una de las comidas que más nos gustan: bacalao dorado. De hecho todos repetimos este plato, que no ensalada de primero. El postre de fruta variada acabó con un cono de helado para cada uno de nosotros dos.


Después estuvimos viendo un rato la tele hasta que llegó la hora de jugar con el móvil. Como soy muy ansioso me adelanté en despertar a mami y por ello nos castigaron a los dos a no jugar ese día. Nos sentó fatal, pero se ve que es la única manera de que entendamos que no debemos ser egoístas y que tenemos que respetar el descanso de los mayores, siempre. Así es como mejor comprendemos los seres humanos. ¡Qué se le va a hacer! Estuvimos un rato cabreados hasta que se nos pasó y empezamos a jugar nosotros dos con el balón en el patio.
Luego cenamos otra comida estrella de la ía: ensaladilla rusa con langostinos a la buena usanza suya, con mayonesa de la casa… Cenamos pronto, sobre las nueve y media, porque habíamos quedado en el Parque Norte con nuestra amiga Marta y las amigas de mami. Nos encontramos con la sorpresa de que las dos sobrinas de Elena, hijas de Irene, Irene y Blanca, también estaban por allí en danza. Nos lo pasamos muy bien corriendo de aquí para allá montándonos en todos los aparatos que hay en el parque. A las once y media nos volvimos para casa igual que cuando subimos: andando con nuestras queridas naranjillas, de las que pronto nos despediremos pues mañana, lunes, nada más desayunar, nos iremos para Sevilla con el fin de comer allí. El día uno empieza mami a trabajar y nosotros comenzaremos las clases el jueves, día 10. Nos cuesta volver, pero con el aliciente de ver y abrazar a nuestros amigos, aunque no nos gusta que comience el cole tan pronto, ya mismo disfrutaremos de nuestra Sevilla de nuestras entretelas, donde según dice mami hay las siguientes cuatro estaciones al año: Infierno, Veroño, Pocas lluvias y Buen tiempo… A quien se lo cuento y conoce el clima de nuestra ciudad de nacimiento me da toda la razón…


LUNES, 31 AGOSTO
Nos levantamos relativamente temprano: antes de las nueve y media. Era el día señalado en el que teníamos que partir para Sevilla. Por eso, desayunamos rápido viendo la tele, por cierto, nos vestimos y preparamos sin tropiezo ninguno. Mami terminó de ultimar las maletas, la ía igualmente para el ío, porque ella se iba a quedar en la casa a ultimar limpiezas, lavadoras y demás detalles que pasan desapercibidos para nosotros y muchos hombres más…
Salimos para marcharnos y nos encontramos con Pepe, el vecino de enfrente, que es un artista galáctico y ahora está pintado una serie de cuadros de diferentes planetas súper chulos que él se imagina, con cráteres incluidos, y que se los manda, una vez acabados al ío, para que los divulgue en su grupo de WhatsApp. Estaba triste por la muerte súbita de su hermano y el estado anímico en el que se encuentra su madre a la que va a ir a ver a Madrid pronto. Lo suele hacer cada mitad de mes. También nos despedimos de los buenos vecinos y amigos Josefina y Carlos, con su larga y extensa prole.
Por eso salimos de Úbeda a las once y cuarto. Llegamos a Sevilla a las dos, sin pararnos en ruta. Mi hermano estuvo varias veces llamando a mami por el camino, pero cuando iba a parar él se había dormido. Se ve que se pone nervioso de ir amarrado en el coche con su silla y cinturón de seguridad. No sé si también influirá que va en sentido contrario a la marcha y eso le provoque que se maree, según dice él.
Menos mal que llegamos a Sevilla y como nuestra calle estaba imposible de aparcar lo hicimos en la calle de los íos, los dos coches. Y así, entre todos, descargamos ambos vehículos y llevamos las maletas y los enseres a nuestra casa y a la del ío, para después aparcarlos en el parking José Laguillo; y luego venir andando en busca de un restaurante o pizzería, pero varios de los que se encuentran próximos a nuestro domicilio estaban cerrados, pues era el último día de agosto, por lo que mami tuvo la feliz idea de invitarnos a comer en el Rinconcillo un menú a la carta y de lujo que nos dejó plenamente satisfechos.
Ya estábamos en Sevilla de nuevo para reemprender la vida y pronto el nuevo curso. ¡Gracias, mami, gracias, íos, por estos días de vacaciones tan felices, intensos y completos, pues en todos los campos hemos quedado satisfechos y perdonad si hemos provocado momentos de tensión o malestar por nuestro afán -el de mi hermano y el mío- de querer hacer nuestra santa voluntad en todo momento y de quererlo todo, como dice el ío «melón… tajada en mano…» (al momento)!
Gracias por el dinero que nos habéis dado, Rosa Mari Llinares, el tito Antonio y vosotros dos, queridos íos, pues vamos a incrementar nuestros ahorros en una nueva hucha para cada uno de nosotros. ¡Muchas gracias por querernos tanto y tratar siempre de bien educarnos!
No hemos leído lo suficiente (según vosotros, lo reconozco), pero sí que hemos jugado al fútbol bastante y a otras actividades lúdicas (pasear las naranjitas por toda Úbeda, por ejemplo), ir al cine varias veces, jugar con nuestra amiga Marta en el Parque Norte o en la calle Nueva, ir a regañadientes a muchas actividades culturales que mami primorosa Y desinteresadamente nos ha preparado y proporcionado, incluyendo estos dos viajes en sendos trenecitos turísticos de Úbeda que nos han hecho conocerla y amarla todavía más… Y gracias a Mariani y Pepe por los higos que nos habéis regalado, pues sois tan buenos y magnánimos que no sabemos cómo agradecéroslo.
En fin, hasta el año que viene, que volveremos a disfrutar de Úbeda en su tórrido verano, de la casa de los íos y de todo lo que programe mami, siendo una año más mayorcitos y formales, esperando que seamos más maduritos en todo. Muchas gracias a nuestra familia que nos hace vivir y disfrutar de todo lo que nos rodea, alimentándonos maravillosamente y lo más ecológica y sanamente posible.
¡Adiós, hasta siempre, Úbeda, mon amour!
Úbeda y Sevilla, septiembre 2026
Fernando Sánchez Resa

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