¡Cuánto tiempo ha pasado desde que yo era niño! Entonces jugábamos mucho en las no asfaltadas calles de Úbeda que, en realidad, eran nuestra escuela y diversión. Aún recuerdo, cuando vivía en la calle Llana de San Nicolás con mis amigos (Tomás, Miguelito, Antonio, Miguel…), y emprendíamos guerrillas -a pedradas- con otras pandillas de niños (las niñas por entonces no jugaban a eso) de otras calles o territorios, siempre defendiendo nuestros intereses y patrimonio, parapetándonos en nuestro castillo imaginario que era el antiguo pilar abrevadero -ya desaparecido- con la plataforma que lo rodeaba.


Por cierto que, una vez, me hicieron una buena brecha en la frente y le dieron un buen susto a mi madre cuando me llevaron a casa accidentado y echando sangre. Era la inocencia y la candidez de esos años, sin prever que podían haberme dado en un ojo y dejarme tuerto para toda la vida. Y es que, aunque nos quejemos, hay que tener suerte en la vida.
Ahora, de mayores, estamos viendo y padeciendo las muchas guerras injustas que por el globo terráqueo se están produciendo continuamente. Son guerras vecinales a lo grande y con mucha más mala leche y espúreos intereses. ¡La testosterona que no cesa en toda la faz de la Tierra…!

Úbeda, 3 de septiembre de 2026.
Fernando Sánchez Resa

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