Hoy quiero denunciar el arrinconamiento y soledad obligada a la que esta sociedad nos obliga a la mayoría de los viejos, también llamados eufemísticamente de la tercera edad, que nos vamos quedando sin fuerzas físicas y mentales, y que en lugar de ayudarnos amablemente nos apartan y olvidan, salvo honrosas excepciones, que las hay… Claro, que eso es lo que quiere esta sociedad farisaica: que las nuevas generaciones sean marionetas de los que mandan con sus intereses espúreos o dinerarios; que no haya memoria histórica ya para nada (excepto para el tema político que interese al que ordena y manda y esté más de moda); y ven bien que se tergiversen todos los temas y asuntos importantes y graves para que las nuevas generaciones se encuentren en la inopia, pegados a las pantallas y con los nuevos vicios solitarios o sociales a tope, olvidando que verdaderamente los están engañando y manipulando continuamente. Ahora cada vez menos jóvenes españoles pueden disponer de una vivienda digna como no sea que la hereden de sus padres o abuelos. Las hipotecas están por las nubes y con muchos años de amortización, pues muchos no encuentran trabajo decente o si lo hacen es tarde y en precario, sin seguridad ninguna… ¿Cómo van a poder meterse los pobreticos en una hipoteca para comprar un piso si su precio anda por las nubes…? Luego llega otro factor influyente: que no se pueden o quieren independizar como lo hicimos nuestra generación y la siguiente. Algunos tienen que permanecer en la casa paterno-materna hasta empalmar con la jubilación, recibiendo una paguita del estado que los condiciona y ata a los mismos partidos políticos que se la dan (voto cautivo o preso, se le llama a eso, me apuntan mis inteligentes nietas), si es que se van alguna vez del claustro materno…
Nunca he visto una sociedad más loca que la nuestra. Los jóvenes en paro permanente teniendo mucha dificultad para encontrar trabajo, vivienda y autonomía, o llegando al mundo del trabajo cada vez mas tarde y con más edad, acostumbrándose a llevar -durante demasiados años- esa vida muelle que luego va a ser difícil de cambiar o erradicar, mientras los viejos suelen llevar muchos años trabajando desde muy jóvenes, alargándoseles más y más años de trabajo y pasándoseles la fecha de la jubilación real, que pide el cuerpo por el deterioro tenido, siendo cada vez más alta. Hoy es a los 67 años, en España, pronto será a los 70, y primando e incentivando para que los viejos se queden más tiempo a currar. ¿A dónde vamos a ir a parar? Los padres y abuelos serán los que mantengan a los más jóvenes en esta sociedad de locos tan distópica y donde los políticos no hacen lo suficiente y necesario para resolver los problemas reales que se presentan a diario y no los creados artificialmente por ellos mismos…
Otra batalla o guerra perdida es la de rebelarse -como individuo o sociedad- contra la dictadura del móvil, pues ahora quieren que todo esté en él para tenernos más entretenidos y sujetos, controlados, en definitiva, consiguiendo que nuestra libertad sea una falacia, mientras otros nos mueven los hilos como si fuéramos marionetas tontas a las que hay que guiar en todo y por todo…
Llevo ya tiempo comprobando que el suelo real está cada vez más lejos de mí y me es más doloroso agacharme para recoger algo que se me haya caído o extraviado. Lo mismo me pasa cuando tengo que ir al mercado o a hacer algún mandado: qué lejos está todo de casa. Va a llegar un momento (malo, por cierto) de que voy a ir del sillón a la cama y viceversa y eso va a ser mi perdición… De joven no tenía esa pereza para nada y todo me parecía cercano, pues andaba como un gamo…
El otro día me contó una buena amiga mía las vicisitudes y vivencias de su vecina de 93 años, poco más pequeña que yo, que es súper autónoma, aunque su hija quiere controlarla por la avanzada edad a la que ha llegado y padecer una cardiopatía desde hace treinta años.
Ella vive en el centro de una gran ciudad y su hija tiene un piso en el mismo bloque de quien me lo ha contado. De vez en cuando se la trae la hija a su hogar hasta que se enfurruña y se vuelve a marchar a su piso. Eso si no se va a comer fuera sola o está toda la mañana haciendo recados más o menos ficticios o inventados, en definitiva, fuera del hogar. Menos mal que la hija tiene buenos contactos y los llama por teléfono, sin que ella entere, para quedarse más tranquila cuando le cuentan que está pacíficamente sentada en el bar…
Todo lo que la hija quiere es cuidar de su madre: que no haga la cama, que no se duche sola, que no venga cargada con cinco kilos de patatas, etc. El otro día bajó el horno eléctrico de su sitio de la pared al suelo porque se había estropeado y para que no se olvidase llevarlo al técnico, mientras la hija estaba fuera. Está en todo esta madre, pero buen susto se llevó su hija… Como ésta ya es también jubilada, después de trabajar muchos años, la madre cuenta que a ella no le toma la tensión diaria y cualquiera que la oiga piensa que tiene una hija desalmada que no la quiere y mima; y, si ya le insistes para que te cuente todos los detalles, es entonces cuando te da la razón verdadera: que quiere ser autónoma y tomarse la tensión ella sola y acordarse todos los días, pues si se lo hacen todo la van a hacer una inútil y no quiere llegar a eso. ¡Quiere llegar a los cien años…!; y a este paso lo consigue…
Mira si es lista la abuelita que cuando se va a vivir a su casa del centro y sale a pasear se pone ropa de vieja y pobre. De hecho, una vez un pedigüeño le pidió que le diese dinero para tomarse un café y ella le dijo que lo invitase mejor él porque ella aún no había desayunado, le mintió flagrantemente. Por eso la dejó tranquila el pedigüeño…
Así podemos contar una y mil anécdotas, pero la realidad es lo mal que lo está pasando esa hija para que la madre esté controlada y no se desmande. Ni que tenga un accidente mortal o complicado… No obstante, la abuela tiene la intuición que se morirá tranquilamente durmiendo… ¡Y a lo mejor hasta tiene suerte y lo consigue! Ojalá yo me muriese así, sin dolor ni enterarme de nada…
Yo ya no leo casi nada, pues mis ojos no son lo que fueron, pero mis nietas me tienen al día contándome siempre lo que leen y qué les ha parecido para que me encuentre enterada de todo. Comprueban que ahora se llevan mucho las escenas de sexo en cualquier novela o escrito que se tercie (también en las pantallas, sean películas, series, etc.), pues si no hay acueste no vende morbo y no tiene el salpichirri suficiente para seguir leyendo (o viendo la peli o documental). ¡Qué barbaridad, hasta donde estamos llegando! Las fiebres calenturientas necesitan escenas de sexo lo más explícitas posibles para gustar…
Me reafirmo que nunca quise ser importante, jamás me entró esa pájara, con hacer una vida tranquila y pacífica con mi marido y mis hijos, luego mis nietos, ya tenía suficiente camino andado. Ahora parece que todo el mundo tiene que ser importante (los cinco minutos de protagonismo vital que se le llama; o la aparición en Tiktok o Instagram, etc.) y salir fotografiado en los periódicos o revistas de papel cuché o en la tele o medios de comunicación como si de un artista o político se tratase… ¡Qué horror!
Me gustaría también hacer una pequeña reflexión sobre “el hombre amenazado” de nuestra sociedad occidental actual, aunque no se lleve hacerlo actualmente, pues veo que casi todos nos estamos adaptando al equilibrio inédito de poder que hoy se está estableciendo entre hombres y mujeres, haciendo creer que todo varón es un posible abusador o maltratador en potencia y hay que atarlo corto y tenerlo súper vigilado, en especial cuando se trata de las cada vez más numerosas denuncias sexuales en las que -casi siempre- basta la palabra de la mujer para que se produzca una detención o estigmatización que hace que el hombre sea el acusado culpable hasta que se demuestre lo contrario…. En definitiva, esto supone una continua amenaza que contribuye a que los hombres la sientan permanentemente como propia y algunos (no sé si demasiados) acobardados…
Sevilla, 26 de febrero de 2026.
Fernando Sánchez Resa
