Ahora me toca a mí (Abel) cronicar (con la imprescindible ayuda del ío Fernando) nuestra estancia de casi dos semanas en Torre del Mar (Málaga), esta bella población costera malagueña que tan buenos recuerdos nos trae, por ser siempre lugar de vacaciones y no tener otros asuntos obligatorios que realizar, como ir al cole, etc.
Desde que llegamos mamá hizo un planing o tabla escrita, como en pasados veranos, repartiendo las posibles actividades a realizar, para tener buena memoria de ellas, con su día y hora y todo. Se ve que ella es así de competente, aunque no la sepamos valorar en su justa medida. ¡Es mamá 10…!
DOMINGO, 12 JULIO
Fue cuando mami y el ío vinieron a recogernos a Sevilla con nuestro coche, un día de calor intenso, por cierto. Ellos comieron muy bien en El Contenedor, según nos contaron, mientras la ía nos esperaba en Torre del Mar al atardecer, con la cena preparada, pues los tres llevaban desde el 4 de julio, sábado, veraneando allí. El viaje lo hicimos sin novedad y con ansias de llegar, especialmente mi hermano que iba preguntando de vez en cuando cuánto nos faltaba para llegar…
Nos dio mucha alegría verlos a los tres. Les dimos muchos besos y abrazos y, sobre todo, nos sentimos muy felices porque la ía tenía preparada una cena apetitosa con un mogollón de patatas fritas, con lo que nos gustan a todos, especialmente a Saúl y a mí; bueno, creo que a todos los niños del mundo. Para acostarnos nos ubicamos cada uno en un dormitorio: Saúl se fue con mamá; la ía se acostó sola; y yo me fui al dormitorio con el ío, cada uno en su camita, para poder hablar y contarnos historias; teníamos tanta gana…


LUNES, 13 JULIO
Nos levantamos sin prisa, cada uno a una hora distinta, aunque teníamos una primera visita turística a la exposición de una villa romana de Benagalbón (Villa Antíopa) que ya el año pasado visitamos. No nos importó volver. Nos fuimos con nuestro coche por la carretera de la costa y así lo pasamos más divertido. Echamos -los dos- muchas fotos para la posteridad y bien ilustrar esta crónica.
Por la tarde subimos a El Ingenio y nos encontramos con una grata sorpresa: estaban terminando la remodelación del parque infantil gratuito que hay a sus puertas. También nos quedamos flipados cuando subimos a la bolera y vimos que había cambiado de dueño. Ya no servía la tarjeta que teníamos de otros años, pero nos pusimos contentos porque había más juegos electrónicos de sacaperras. No opinaron lo mismo mami y el ío…
Las comidas y las cenas, gracias a la ía, que es nuestra cocinera mayor y mejor, iban a ir viento en popa, como dicen los marineros. Muchas veces nos sorprende por lo ricas que están, con sus platos de recetas caseras o tradicionales, riquísimos y con su toque o ideas especiales.



MARTES, 14 JULIO
Nos levantamos temprano para ser vacaciones, a las 8,45 h, pues teníamos a las 10 una cita gratuita en la Cueva del Tesoro, donde los niños y, especialmente, Saúl disfrutamos de lo lindo admirando esos parajes tan raros, con estalactitas, estalagmitas y lagos con agua por recónditos sitios. Fuimos echando fotos históricas que la familia y el tiempo valorarán, estoy seguro.
Luego, a la vuelta, además de hacer las compras y los mandados cotidianos, especialmente en La Era Ecológica (tienda especializada en productos ecológicos y del terreno de Torre del Mar), también estuve jugando con el ío, con las paletas de playa, en el jardín de abajo. Ya estoy a la altura deportiva de él, jugándole de tú a tú.
Por la tarde, tras la siesta, que este año la hemos respetado a rajatabla, casi siempre, leyendo silenciosamente mientras los mayores (mami y el ío, principalmente) tomaban el necesario descanso para tener fuerzas con que resistir el largo y duro día. ¡Nuestra vitalidad no es comparable a la de ellos…!
Después jugamos al fútbol, enfrentándonos los dos equipos que formamos: uno, yo solo; y otro, compuesto por el ío de delantero-defensa y Saúl de portero y de lo que haga falta. Al final, quedamos medio empatados porque la derrota ni mi hermano ni yo la sabemos encajar, deportivamente hablando…
Luego llegó la fabulosa cena de mejillones al vapor con ensalada especial, cortada en pequeños cachitos de tomate, pimiento, cebolla, etc. mezclada con los mejillones. Unos la comimos junta y otros por separado. A todos nos supo a gloria.
Aunque lo mejor del día quedaba por llegar: el partido de las semifinales del mundial de fútbol en Dallas, a las 9 de la noche. España se enfrentó a Francia y les ganamos por dos a cero. Disfrutamos mucho todos, especialmente nosotros dos y el ío, pues a mami y la ía no le hace tilín el fútbol. ¡Nos encantó que España dominara el partido durante todo el tiempo y ganase! Luego nos fuimos a dormir tan tranquilos y satisfechos.







MIÉRCOLES, 15 JULIO
Este día tenía buenas perspectivas. Por la mañana había quedado mamá a las once con un guía de Vélez-Málaga para ver principalmente la exposición y el legado de la filósofa veleña María Zambrano, escritora universal republicana. Saúl y yo nos portamos bien durante todo el recorrido, a pesar de las largas parrafadas y discursos que Miguel Ángel nos endosaba. Mi hermano, especialmente, y el ío echaron bastantes fotos para ilustrar y recordar esta amable y provechosa visita por lo más señero de esta población, en la que no pasamos demasiado calor. Visitamos varios monumentos destacados y, por supuesto, la Fundación María Zambrano; y nos dieron una vuelta y múltiples explicaciones por lo más señero y destacado de Vélez. Todos quedamos satisfechos cuando fuimos a recoger nuestro coche al aparcamiento público que estaba muy cerca del lugar de encuentro con Miguel Ángel. Los mayores le dieron una merecida propina…
Tras la comida y la siesta de los mayores, mientras nosotros dos leíamos tan ricamente, me bajé a jugar, con el ío, con las paletas abajo, al jardín Viña-Málaga. Cogimos la sombra donde no se estaba mal, pero al correr y dar raquetazos el sudor acudió a nosotros por arte de birlibirloque.
Luego, a las siete y media, nos esperaban los multicines de El Ingenio que tan buenos momentos y recuerdos nos traen siempre. Fuimos a las cinco para ver la película Vaiana. Nos gustó mucho a todos, especialmente a los dos infantes.
Después bajamos a cenar a casa y terminamos de ver el partido de la otra semifinal del mundial de fútbol en la que Argentina le ganó dos a uno a Inglaterra, lo que nos alegró bastante. El juego del primer tiempo fue bastante insulso, pero en la segunda parte llegaron los goles y la animación futbolera, especialmente de Argentina que ganó con todo merecimiento.














JUEVES, 16 JULIO
Tomamos el desayuno prometido en La bella Julieta a petición e insistencia mía. Antes, los íos habían ido a la cercana plaza o mercado a por el pescado fresquísimo que hay en Torre del Mar. Como dicen ellos y mamá: «hay que aprovechar que estamos en puerto de mar para traer y comer todo el pescado o pescaíto -como dicen aquí- posible». Luego también fueron al mercadillo de Torre del Mar, que es todos los jueves del año, y vinieron cargados de frutas y verduras para una semana. Fueron en todo los primeros, como buenos abuelos que se levantan tempranísimo, como si les fuese a faltar tiempo, casi como nosotros, los infantes de la familia, con el fin de enchufar la tele nada más levantarnos…
Después tomamos el autobús directo Torre del Mar-Málaga que nos dejó en la estación, porque mami y el ío tenían que solventar el problema de ir desde Torre del Mar al aeropuerto de Málaga, sin complicaciones, para hacer el próximo viaje en avión a Santander. ¡Va a ser nuestro primer viaje en este medio de transporte y nos hacía mucha ilusión a todos, aunque somos nosotros, Saúl y yo, los que nos íbamos a bautizar como viajeros del aire! Los mayores, aunque no nos lo dicen, tenían su cosilla por dentro…
En Málaga hemos estado visitando tiendas de la estación ferroviaria María Zambrano, por entretenernos, especialmente en MediaMarkt, pues ambos hermanos estamos enamorados de todos los móviles que allí venden y ofrecen. ¡Nos da una envidia…! Pronto queremos ser mayores para poder tenerlos sin que nadie nos regañe…
A las 12,30 h ya estábamos montados en el autobús de vuelta, que en un principio pensábamos que era directo, como el que cogimos a la ida, pero nos equivocamos de pleno y tardamos más de hora y media en llegar a casa, pues durante el trayecto hizo un montón de paradas por la costa; aunque mereció la pena, pues nosotros dos, Saúl y yo, cogimos los dos asientos primeros del autobús contrarios al conductor y disfrutamos del viaje un montón; y no se me ocurrió marearme como noté en el viaje de ida que, como el autobús estaba lleno, nos tuvimos que sentar en la última fila, y eso se paga, vaya si se paga: mareándome… También influiría que mami compró una cajita de chicles de fresa en un estanco de la estación y como Saúl, el ío y yo lo tomamos en todos los viajes, así no nos mareamos…
En la comida que tenía la ía preparada sobresalieron las patatas fritas ya que nos hartamos con mucho gusto y fruición. Después llegó la siesta y luego, por la noche, quisimos ver la procesión de la Virgen del Carmen de la que la gente marinera de aquí es muy devota.
Desde que llegamos a Torre del Mar hemos vuelto a lo de siempre: a ver a quién le toca abrir las puertas con el llavero encantado (porque es lector electrónico…) y hacerlo por tocas, según el apunte que lleva el ío, para saber a quién le corresponde hacerlo en cada momento, e ir tachando -cada vez-. El listado lo hace el ío por mediación de la suerte (adivinándole nosotros, del 1 al 10, el número que él haya pensado), el ío va anotando en su nota manuscrita, que guarda en su cartera: una A, si el que acierta soy yo, o una S, si es mi hermano. Él, como buen abuelo y maestro, trata de que las cosas estén lo más igualadas posibles para que no desate nuestras airadas protestas. Y para que no haya líos lo consultamos cada vez y vamos tachando al que le toca para que no haya trampa ni cartón, como dice el ío…
Como la competición continuada la llevamos en la sangre (a mí me gusta ganar siempre y a mi hermano también), cuando mi hermano, la ía o mami se montan en el ascensor yo subo por las escaleras corriendo hasta el segundo piso, donde vivimos, y siempre les gano. ¿Por qué será…?
Con el ío y, a veces, mi hermano (aunque a veces es fullero y se cabrea) me gusta medirme con muchas partidas de ajedrez y me encanta ser campeón de todo, como cualquier niño o hijo de vecino que se precie.
Desde que vinimos a Torre del Mar volvimos a ser competidores mi hermano y yo, hasta para tirar las botellas de plástico o cartones pues tratamos de “encanastarlos” en los recipientes de residuos que tenemos abajo, en la calle. Encestar los plásticos por riguroso orden y con total ecuanimidad en su reparto: igual para Abel, lo mismo para Saúl. Eso se ha llevado al milímetro. Y con turnos para todo: abrir o cerrar puertas con aparatito electrónico, etc.
A la noche, al final, nos animamos todos y salimos después de cenar y lavarnos los dientes, con el ánimo de ver a la Virgen del Carmen que ya se hallaba navegando por la bahía de Torre del Mar. Eran más de las once de la noche cuando fuimos a su encuentro al paseo marítimo y estuvimos esperándola un rato a que la sacaran de la barca en la que se había paseado por el mar, después de haber salido de su parroquia. Había un gentío enorme y cuando llegó a la playa le hicieron un recibimiento de madre y muy señor mío con cantos, música y fiesta o traca final con cohetes y fuegos de artificio. ¡Qué bien nos lo pasamos! Nosotros dos aprovechamos el tiempo para hacer nuestros ejercicios gimnásticos nocturnos junto al mar, en la playa, en esos gimnasios al aire libre que andan instalados a lo largo del litoral que, aunque son para mayores, también nosotros -niños- los disfrutamos y dominamos con ese poderío físico y mental que tenemos intrínseco; aunque luego, cuando caemos en la piltra, nos dormimos tan rica y rápidamente que no nos da tiempo ni a decir buenas noches.





VIERNES, 17 JULIO
La levantada fue tempranera puesto que había concertado mamá una actividad familiar en el Museo de Málaga y a las diez y algo teníamos que coger el autobús directo desde Torre del Mar a Málaga. Por eso, nada más levantarnos desayunamos, nos vestimos y nos fuimos a la estación de autobuses que tenemos enfrente. Tuvimos suerte y pudimos cogerlo a tiempo pues, si no, no hubiéramos llegado para empezar la actividad a las once y media, que era para cuando estábamos citados.
Nos apeamos junto al puerto y en diez minutos arribamos al Museo de Málaga, que fue antigua aduana, y al poco nos reunimos todos los apuntados en el patio para subir a trabajar en una sala de la segunda planta, bien acondicionada, por cierto, para todos los compañeros de actividad.
Dos amables señoritas nos acogieron y explicaron en lo que iban a consistir las dos horas de trabajo: elaborar unos pececillos o animales acuáticos que vivieran en el mar, con los materiales y explicaciones que ellas nos proporcionaron. Nosotros cuatro (mamá, el ío y nosotros dos, Saúl y yo) nos decidimos a hacer cuatro cosas: un pulpo, una medusa, un boquerón grande y un pescado más grande aún. Disfrutamos los cuatro mucho pensando lo que íbamos a hacer y elaborándolo en familia, que es lo que se pretendía, con la ayuda de las ideas y dibujos que nos facilitaron las dos señoritas del museo.
Así que pasamos dos horas muy entretenidos y hasta nos hicimos e hicieron varias fotografías con nuestros trabajos manuales (así como los del resto de los asistentes) para dejarlos inmortalizados para siempre. Ahí están las fotos para demostrarlo. ¿Qué le parece, amable lector?
Nos juntamos 27 asistentes y todas las familias y niños o niñas hicieron uno o varios imaginativos y coloristas trabajos. Cuando los finalizamos todos nos fuimos a una sala del museo de esa misma planta en la que hay un gran cuadro marinero con grandes olas del mar y allí nos echaron muchas fotos a todo el grupo tapándose los niños y las niñas sus caras, precisamente con los trabajos realizados, por aquello de la intimidad y privacidad infantil a la hora de publicarlos en la página web del museo.
Después nos fuimos rápidamente para la parada del autobús que está junto al puerto de Málaga. Cuando llegamos había poca gente, sería poco más de la una y media, pero conforme pasaba el tiempo se fue juntando tanto personal que casi ni cabíamos en el acerado.
Fueron llegando autobuses, unos llenos y otros con vacantes, hasta que se apearon tres que teóricamente nos podían llevar a Torre del Mar, pero solo en el tercero pudimos acoplarnos, y mira por donde, no era directo (nos enteramos de ello una vez montados y en marcha), sino que paraba por toda la costa hasta llegar a Torre del Mar. Por eso, en lugar de tardar una hora (media de viaje real y otra media parándose en las paradas que hay desde que entras o sales a Málaga capital), tardamos más de hora y media, donde nos esperaba la ía con sus albóndigas caseras que parecían estar llamándonos a voces, diciéndonos: ¡Cómeme, cómeme…! No hubieron de esperar mucho, pues todos veníamos hambrientos. Otra comida de la ía con marchamo de sobresaliente. Y después, a nuestros videojuegos y televisión. Son nuestro presente y futuro más halagüeño…

SÁBADO, 18 JULIO
Nos levantamos algo más tarde de lo habitual pues mamá no tenía programada una actividad cultural o turística concreta en la que tuviésemos que estar a una determinada hora. Solamente aprovechamos la mañana para subir a Vélez Málaga y visitar su cementerio municipal donde reposan los restos mortales de María Zambrano en un sencillo mausoleo cerca de su entrada, con una frase impresa en latín del Cantar de los Cantares «Surge, amica mea, et veni» (Levántate, amiga mía, y ven), puesta en su lápida, en la parte de arriba. En la de abajo: En recuerdo de su querida hermana Araceli. Había también una nota manuscrita interesante de una admiradora suya.
Aprovechamos la visita al camposanto para ir viendo lápidas y mausoleos de distintas épocas, personas y estilos fotografiando algunas de ellas que más nos impactaron. Como somos niños y todo lo convertimos en juego, al final principiamos una doble competición para ver quién de los cuatro ganaba, si averiguaba que la persona que hubiese fallecido fuese de mayor de edad y el infante de menor edad. Al principio fue el ío el que descubrió a una persona que había fallecido con 100 años, pero yo buscando y rebuscando conseguí descubrir otra que lo hizo a los 102 años. Por ese lado gané… Con mi hermano Saúl pasó lo mismo, pues él descubrió a una infante que murió con 28 días y yo vi otro que lo había hecho con cinco días. Así que gané por partida doble y me sentí muy satisfecho.
Después bajamos a Torre del Mar por la antigua carretera y fuimos a comprar helados en la tienda ecológica. Había un tráfico exagerado y no era de extrañar: era sábado y mucha gente marchaba hacia la playa.
Comimos nuevamente albóndigas de la ía, pues las hace en cantidades industriales, y luego nos quedamos viendo la tele, pues últimamente se nos ha olvidado lo que prometimos… Pasada la siesta nos bajamos a jugar al fútbol y con las paletas de playa, pero terminamos como el rosario de la aurora, ya que todo se convirtió en discusión y enfado, hasta que nos subimos a ducharnos y cenar la ensaladilla rusa que la ía hace de maravilla: rica, rica, complementada con frutas, chocolate y palomitas de maíz hasta que volvimos a discutir y enfadarnos y nos amenazaron con no tener videojuego al día siguiente, por lo que nos quedamos tan suaves como un guante. Entonces sí que cogimos los libros de lectura y reinó la paz entre nosotros que, de rara, nos supo a gloria a todos, especialmente a los mayores. Se ve que lo que más mella nos hace es que nos castiguen sin pantallas o videojuegos.
Después de leer un rato Saúl y yo nos echamos una partida de ajedrez, pues nos encanta a los dos y yo ya le voy cogiendo el tranquillo. Esperando a que llegase al día siguiente la final del mundial, soñamos que éramos campeones mundiales otra vez. ¡Ojalá se cumpla, pensamos!




DOMINGO, 19 JULIO
Era el día D del mundial de fútbol en EE. UU. Por eso los aficionados como yo teníamos la esperanza de que España fuese campeona. El otro día le pedíamos -mi hermano y yo- al ío que comprase una bandera de España y nos prometió que lo haría si ganaba nuestra selección el mundial. Y además saldríamos en el coche, como todo aficionado nacional que se precie, a dar un paseo por Torre del Mar, una vez que se acabe el partido, para ir “claxonando” durante el recorrido en conmemoración de nuestra victoria. ¡Seremos campeones, seguro!
Mamá había preparado una pequeña excursión a Rincón de la Victoria para visitar un pequeño fortín, Torre Bezmiliana, que hay junto a la antigua carretera nacional Málaga-Almería. Nos desplazamos en nuestro coche, lo visitamos y echamos muchas fotos, tanto del edificio como de alguna de sus estancias y del jardín y de las fuentes exteriores. Comprobamos que era pequeño y estaba en algunas partes un poco abandonado. Había en su interior, en una antigua caballeriza, una exposición de figuras contemporáneas que se podían comprar. La más barata costaba cien euros. No quisimos hacer ese gasto innecesario, pues no nos gustaba nada. A la vuelta me inventé un nuevo juego para divertirnos todos: ir contando las banderas de España y Argentina que veíamos durante el recorrido, en edificios o en personas que fuesen vestidos con una u otra camiseta. El resultado final fue claro: 102 banderas españolas contra 4 argentinas. ¡Menuda premonición…!
Luego metimos el coche en nuestra cochera y nos fuimos para casa pues la comida de ese día nos gustaba un montón: patatas a la riojana. ¡El chorizo y las papas estaban para chuparse los dedos! Tanto Saúl como yo repetimos. Los mayores también. La fruta me encanta: hay unos albaricoques más buenos y dulces que el caramelo. El ío, para la merienda, empezó el melonazo que compró en el mercadillo y también le supo a dulce de caramelo.
Antes de subir a casa, a veces, me gusta enviar el ascensor a los diferentes pisos para que la gente ande entretenida y no se aburra. Después llegó la hora de la siesta en la que mami y el ío acordaron que nos quedásemos leyendo cada uno de nosotros con cada uno de ellos, mientras ellos dormían tan ricamente. Cuando se levantaron obtuvimos nuestro premio: la media hora de juegos en el móvil que tanto nos gusta y emociona a ambos hermanos. Después bajamos a jugar al fútbol y con las palas de playa. En lo primero, al final, ganaron el ío y Saúl. Nos pusimos enharinados y encharcados de sudor. Para solucionarlo, como siempre, nos dimos una buena ducha que nos dejó a todos como nuevos. La cena de coliflor con huevos fritos nos repuso las fuerzas perdidas y calmó el hambre desesperada que teníamos.
Y llegó la hora H: las nueve de la noche. Ahí estábamos nosotros dos con el ío comiéndonos la televisión para ver cómo nos daban la alegría más grande de hoy ganándole a la campeona mundial actual: Argentina.
Tras los nervios que hemos pasado viendo el partido por televisión nos hemos quedado muy contentos pues finalmente le hemos ganado a Argentina por uno a cero, aunque pudieron ser tres… ¡Qué contentos nos hemos puesto todos! Como el ío nos prometió que si ganábamos nos daríamos una vuelta nocturna con el coche por Torre del Mar, nada más finalizar el partido, por el que hicimos -cada uno de los cinco- diferentes apuestas verbales antes de que comenzara. Fue el ío el ganador, pues pronosticó que el partido acabaría uno a cero ganando España, como así fue.
¡Qué bien lo hemos pasado en el paseo por las calles principales de Torre del Mar! La avenida Toré Toré estaba colapsada, así como el paseo marítimo y la avenida de Andalucía, antigua carretera Málaga-Almería. Nos volvimos al ratito a casita y aunque no estábamos cansados en apariencia, nos acostamos cayendo rendidos de tantos ejercicios físicos y fuertes emociones.
LUNES, 20 JULIO
La levantada lógicamente fue más tardía, pues nos habíamos acostado demasiado tarde para nosotros (más de la una de la madrugada) y nuestras costumbres y edad. Tras desayunar fuimos a dar una vuelta y hacer los recados que tanto nos gusta, sobre todo si sacamos tajada de la compra, claro, con especial cuidado de ir a la biblioteca municipal para devolver los libros que había leído la ía (gran lectora de libros gordos -tochos- de muchas páginas, hasta de mil, a veces) y Saúl y yo para coger nuevos libros que leer. Al final, nos llevamos varios para compartir nosotros dos, Saúl y yo.
Como todavía teníamos la resaca de la victoria de ayer de España en el mundial de fútbol le pedimos al ío lo prometido: que nos comprara una bandera de España para cada uno en una tienda de moros que hay cercana a casa y vinimos tan contentos, dispuestos a que las pusiesen, en sus balcones de Sevilla, papá y la ía. Veremos a ver si lo conseguimos o no.
Como ese día teníamos prometido comer en El Criado, del que nos acordamos todos los años tan ricamente, a la una y media ya estábamos en sus puertas y sin hacer cola nos pusimos en una mesa de cinco comensales, cerca del aparato de aire acondicionado para estar más fresquitos. Saúl y yo pedimos lo mismo: salmorejo y arroz con carne y gambas, estilo paella, con natillas de postre para los dos, mientras que los mayores pidieron otros platos, entre los que no podían faltar los añorados calamaritos fritos con patatas. Así, nada más acabar, pensábamos jugar con el móvil, pero los mayores no tragaron, pues habían descubierto que es mejor hacerlo después de la siesta de ellos. Nos fastidiaron pero lo comprendimos y no tuvimos más remedio que aceptarlo, con gran dolor de nuestro corazón.
Y allí nos teníais tan entretenidos que parecía que no había niños a la espera de que llegase la hora de la merienda y nos marchásemos los cuatro (menos la ía, que para ella hace siempre mucho calor) a la excursión prometida y sufragada por la Oficina de Información y Turismo de Torre del Mar, a las 19,30. Nos fuimos con tiempo para comenzar la visita en la antigua Azucarera, hoy Centro Expositivo. Llegamos poco antes de las siete y media donde ya se iban reuniendo todos los excursionistas. El señor que llevaba la lista comprobó que estábamos todos mientras nosotros dos jugueteábamos al escondite o al pillar en su grandiosa planta baja, llena de grandes paneles sobre la historia de Torre del Mar y algunas máquinas de la antigua azucarera.
Después subimos corriendo las escaleras hasta el segundo piso para ver la exposición sobre arqueología de los fenicios y griegos que anduvieron por estos andurriales hace muchos años. La guía nos lo explico todo muy bien y luego iría con nosotros en el autobús para culminar la visita. Se llamaba Aurora Urdiales y es arqueóloga del museo de Frigiliana. Se mostró muy simpática y locuaz pues lo explicó todo muy bien y detalladamente. Empezó por la exposición. Nosotros dos nos sentamos en el suelo para estar más cómodos. Ningún mayor nos siguió… Atendimos sus explicaciones, que eran largas y densas, por lo que pasado un rato nos cansamos, resistiendo como pudimos pero con muchas ganas de salir al campo libre donde trotar, saltar y gastar nuestras muchas energías acumuladas.
Cuando acabamos de ver la exposición nos montamos en el autobús que estaba aparcado en la calle. Fuimos los primeros en entrar y cogimos los mejores sitios para verlo todo en primera fila. Lo mismo hicimos al volver.
Al dejarnos el autobús estuvimos andando por una antigua carretera o carril hasta llegar a Toscanos y la simpática arqueóloga fue explicando concienzudamente los hallazgos que han hecho hasta ahora: por dónde iba la muralla, los edificios fenicios, griegos o romanos que había en el camino, muchas veces mezclados. Tanto mi hermano como yo nos portamos lo mejor posible para ser niños con nuestra edad, aunque nos tiraba más la salida a campo abierto, coger piedras y lanzarlas, oler las flores del campo, fotografiar los grillos o escarabajos…, además de ilusionarnos echando diferentes fotos con el móvil del ío.
Como colofón final de la excursión subimos a un monte que tenía unas vistas espectaculares de la zona tanto del mar como hacia el interior. Allí nos explicó Aurora todo lo que estábamos viendo como si fuese una película del antiguo tiempo pasado en el que fenicios, griegos y romanos vinieron a estas tierras para comerciar y guerrear. Desde allí se veía el Boquete de Zafarraya y otros puntos estratégicos, además de parte de Torre del Mar y del mar Mediterráneo a pesar de que el día declinaba, pues estaba próxima la noche. No estaba tan claro como nos hubiese gustado. Los niños -como somos juguetones por naturaleza- tanto a la subida como a la bajada al monte, ascendimos y descendimos corriendo varias veces, compitiendo Saúl conmigo para ver quién era campeón. No hay ni que preguntarlo, ustedes lo adivinarán, seguro… Somos ambos la auténtica niñez que nunca muere, se renueva.
La vuelta en autobús a la Azucarera fue rápida y nocturna y la cena de la ía colmó todas nuestras expectativas y hambres.










MARTES, 21 JULIO
Nos levantamos descansados todos, especialmente nosotros, los infantes, aunque yo lo hago pronto ya que duermo en la habitación del ío y en cuanto veo que no está me levanto y voy en su busca y a ver la televisión, si me dejan… Saúl tardó más en levantarse pues se acostó cansado, como siempre, de tanto correr y trajinar durante todo el día.
Nosotros dos siempre desayunamos juntos; es nuestro mejor comienzo del día, como buenos hermanos. Primeramente fui con los íos a la biblioteca de Torre del Mar para devolver los libros que mi hermano y yo habíamos leído y el que la ía había acabado. La ía, gran lectora, sacó cuatro tomos de unas 700 páginas o más -o tochos, como ella les llama-, que piensa leerse rápidamente, aunque no creo que los termine antes del jueves que nos iremos a Santander. Yo no encontré el número 2 del Diario de Greg, un pringado total. Me está encantando esta serie y ya lo llevo más que mediado y eso que tiene 218 páginas. Luego acompañamos a la ía para que se comprase un bonito vestido veraniego y llegamos a casa para recoger a Saúl y mami e irnos a visitar una pequeña exposición marinera en La Caleta de Vélez.
Tras aparcar cerca nos acercamos a ella y la verdad es que nos gustó bastante, pues había allí una guapa colección de barcos, cuadros, utensilios y trajes marineros que tanto la muchacha que estaba allí de encargada como el ío, que hizo la mili en la Compañía de Mar de Melilla de marinero, bien supieron explicárnosla. Por nuestro buen comportamiento la señorita nos regaló un documental sobre el sector pesquero de la provincia de Málaga, titulado El Tesoro de los Boquerones. Luego lo veremos en el ordenador del ío. Después nos acercamos a la costa para ver a los bañistas remojarse bien y comprobar lo plácida y tranquila que se encontraba la mar en esta zona.
Después de dar una vuelta por la pequeña población cogimos el coche y subimos a Vélez por una ruta distinta a la que hacemos habitualmente. El ío nos dejó a las puertas de la biblioteca municipal a los tres (mami, Saúl y yo) mientras él iba a buscar aparcamiento. Nos gustó mucho esta biblioteca, más grande que la de Torre del Mar, pues tiene varias plantas no como aquella que solo tiene una amplia planta baja, y allí sí que encontramos el segundo libro del Diario de Greg que yo iba buscando. También tenían los mangas que me gustan. Me traje dos.
Luego llegó el ío que había aparcado en zona azul, a las 13,15. Nos contó que había ido a pagar el cuarto de hora que quedaba hasta las una y media, que es la hora en que cumple por la mañana el aparcamiento. Y la muchacha encargada de expedir los tiques le regaló el tiempo que le restaba. ¡Siempre te encuentras en la vida personas agradecidas y amables!
Después nos bajamos tranquilamente a Torre del Mar no sin antes comprar unos bastoncillos en una tienda de Carrefour de Vélez. En fin, que llegamos a buena hora para comer lo que la ía nos tenía preparado y que tanto nos gusta y hace ilusión: bacalao dorado al estilo portugués, pero con la acertada mano cocinera de nuestra ía. ¡Estaba para chuparse los dedos! Los cinco repetimos plato, tras la ensalada de tomate y aceitunas que también acabamos con fruición y alevosía.
Llegó la siesta y nuestras lecturas mientras los mayores se transportaban a otro mundo, con nuestra golilla de jugar a los móviles de mami y el ío, lo que tanto nos ilusiona. Estuvimos jugando incluso con algún amigo con el que coincidimos en el juego y quedamos para otro día, a la misma hora, para jugar conjuntamente.
Después nos arreglamos y nos fuimos a El Ingenio para hacer nuestra partida semanal de bolera en la que esta vez me ganó Saúl. La semana pasada fue al contrario ya que gané yo, aunque mi hermano me iba llevando ventaja hasta que al final yo le remonté. También jugamos varias partidas en diferentes maquinitas de la bolera: baloncesto, tirada de una pelota a un ventanal, disparar con pistolas de agua y, sobre todo, acumular tiques que son puntos convertibles en una máquina exprofeso para ello. Jugamos especialmente en una máquina que tiene unas pelotas rojas que impactamos en la pantalla donde van saliendo platos, botellas, copas… y conseguimos puntos continuados. Hicimos algún que otro récord. No obstante, tuvimos que esperar bastante a una pareja que estaba delante de nosotros y se llevó mil puntos en tiques. Hasta se les atrancó la máquina y tuvieron que avisar al personal para que la arreglasen. Nos dimos cuenta, nos enseñaron, por aprendizaje vicario, la manera de superar los distintos niveles y obtener en cada subpartida doscientos puntos. Así que nosotros jugamos tres partidas y obtuvimos 600 puntos. La próxima vez que vengamos a la bolera echaremos todas las monedas que nos den en este juego.
Todo satisfechos e ilusionados nos bajamos a jugar al renovado parque que hay abajo, en la entrada. Y después nos volvimos en coche a casita para cenar, leer, ver la tele y descansar, aunque ahora lo hacemos pasadas las once e incluso las doce de la noche. ¡Estamos de vacaciones, leñe…!

MIÉRCOLES, 22 JULIO
Nos levantamos todos un poquito más tarde que de costumbre. Pensábamos ir al pueblo de Moclinejo, pintoresco municipio de la Axarquía, que tiene una casa del ratoncito Pérez. Está a media hora de Torre del Mar en nuestro coche, pero al final lo dejamos para ir en otra ocasión, pues precisábamos llevar los dos libros que teníamos leídos -tanto Saúl como yo- a la biblioteca pública de Torre del Mar y coger alguno más para nosotros, pero nos encontramos con la sorpresa de que no había ninguno ni para Saúl ni para mí, por lo que fuimos a por el número 3 del Diario de Greg a Vélez-Málaga y desde allí encargamos el número 4 en Benajarafe. Mientras nos desplazábamos a ambos municipios se nos echó encima la hora de comer. Lo hicimos en casa con la apetitosa y rica comida que siempre nos hace la ía, especialmente la carne con montañas de patatas fritas que nos hartamos de comer. ¡Estaban buenísimas y encima, «si salen chongas y aceitosas, miel sobre hojuelas», como dice mi ío!
Llegó la siesta de mayores que aguantamos como siempre, leyendo y estando lo más tranquilos posible hasta que llegaron las cuatro y jugamos online con nuestro amigo sevillano Alejandro.
Ya más tarde, como nos ponemos nerviosos cuando llevamos demasiado tiempo encerrados, tuvimos que salir acompañados. Yo quería haberme bajado al jardín a jugar al fútbol, pero los mayores (que son los que mandan) no lo vieron procedente, pues nos íbamos a poner enharinados de polvo y ya la ía había lavado todo para podérnoslo llevar limpio al día siguiente a nuestro proyectado y esperado viaje a Santander, así que nos bajamos al paseo marítimo y nos montamos en unas motos eléctricas de cuatro ruedas. Hicimos paseos y competiciones entre nosotros hasta que llegó la hora de entregarlas. ¡Nos lo pasamos guay del Paraguay!
Detrás llegó el helado prometido en La Alicantina. Fue una tulipa de dos bolas (de plátano y ferrero rocher) para cada uno. Mami no quiso y el ío se pidió un rico batido de chocolate que tanto Saúl como yo probamos. Por cierto, estaba buenííísimoooo…
Y ya nos volvimos a casa para leer y ver la tele, esperando que llegase la cena y la ía nos sorprendiera con sus ricos platos. Después nos acostamos y nos levantaríamos temprano para emprender la aventura de Santander, primero cogiendo el autobús hasta Málaga y después el que nos llevaría al aeropuerto. Allí comeríamos y embarcaríamos. Saldríamos en avión hacia las 17,45 y tardaríamos una hora y cuarenta minutos, según nos dijo mamá. ¡Dios quiera que se dé todo bien! Ya os contará todas nuestras peripecias con la inestimable ayuda del ío mi hermano Saúl.

VIERNES, 31 JULIO
La noche del jueves 30 ha sido corta pero intensa. Hemos dormido todos como un lirón, especialmente Saúl y yo. Parece mentira que ya estemos de nuevo en Torre del Mar después de haber pasado una semana de ensueño: nos hemos montado en avión por primera y segunda vez; hemos estado disfrutando de Cay, la perra de los primos-titos; tanto ella como nosotros nos estamos echando de menos mutuamente; hemos estado con los primos de la ía, Elena y Braulio, tan cariñosos ellos, que se han portado superbién con nosotros y nos han llevado a los mejores sitios de Cantabria; hemos disfrutado dos preciosos días con Sofía, David y su madre, Ionela, pasando ratos inolvidables que nos han llenado de dicha, etc.
Al levantarnos ya notamos que el ambiente y la temperatura eran distintos. Volvíamos a nuestro Torre del Mar de siempre añorando la semana pasada en Santander pero volviendo a coger los mismos hábitos de antaño: ir al salón a sentarnos-tendernos en el sofá y ver la televisión de programas conocidos y diferentes entre mi hermano y yo. La ía optó por desayunar en casa, poner lavadoras y comprar las muchas cosas que necesitamos para el día a día, puesto que el frigorífico estaba prácticamente vacío. El desayuno fue libre para los demás en La bella Julieta, ya que cada uno pidió lo que quiso con moderación, pues otras veces nos liamos a pedir y «llenamos nosotros el ojo antes que la tripa», como dice muchas veces el ío; y él y mami tenían que acabarse lo que nosotros ya no nos podíamos o queríamos comer.
Después nos encontramos con la ía que salía del Día con el carrito de la compra lleno, tras nosotros haberlo hecho en La Era Ecológica: salchichas, galletas y helado, entre otras cosas necesarias y apetecibles por nosotros dos.
Después nos quedamos viendo la tele en casa de nuevo hasta que el ío y yo nos bajamos al jardín de Viña-Málaga a jugar a las raquetas. Al buen rato aparecieron mami y Saúl, con la pelota, para jugar al fútbol formando -como siempre- dos equipos: por un lado, yo solito; y, por otro, Saúl y el ío, mientras mami estaba sentada en la sombra leyendo -como casi siempre- su libro preferido de ese momento. El de ese día era en francés, idioma que ella ama mucho y con el que nos habla en casa siempre que puede y quiere. Yo lo entiendo algo más que mi hermano, aunque no hago el esfuerzo de hablarlo, pero Saúl lo entiende e intenta mucho menos que yo.
Luego nos fuimos a comer a El Criado, nuestro restaurante cercano y favorito, donde ponen comidas caseras y allí elegimos del menú del día. Nosotros dos (Saúl y yo) tomamos pasta a la boloñesa, de primero, cada uno, que era un buen plato. Ambos nos lo zampamos con ansia, pero el segundo (paella para Saúl y filete con patatas para mí), no pudimos terminarlo y el ío pidió unos recipientes para llevárnoslo a casa. A los mayores, como siempre, no les faltaron sus calamaritos con patatas o ensalada. Los postres también estuvieron muy ricos: el ío, Saúl y yo pedimos natillas con dos galletas en el fondo. Estaban muy dulces. Saúl se dejó un poco para que el ío se lo comiese, que no yo, como quería y me hubiera gustado.
Después nos vinimos a casa para que se echasen la siesta los mayores. A nosotros nos da sarpullido solo pensar que fuésemos los protagonistas de la siesta; y luego nos fuimos a la bolera de El Ingenio para disputarnos una partidita de bolos entre nosotros dos. Volvió a ganar Saúl; ya íbamos 1 a 2. También jugamos a lanzar pelotas que virtualmente rompen vajilla para acumular muchos puntos. Obtuvimos un montón: casi 2000 puntos. Como este año, por el problema y mal funcionamiento del autobús de Torre del Mar a Málaga, como no te guardan sitio y cuando llegas a la parada de la estación del puerto hay demasiado follón de gente y te puedes encontrar con que no puedas volver a Torre del Mar, mami y el ío nos propusieron no ir este año a OXO de Málaga y cambiarlo por la bolera de El Ingenio y así haríamos al día siguiente, sábado. Seguimos después un rato disfrutando del renovado parque de El Ingenio y pronto nos bajamos a cenar a casa.
Tras la cena, como mami había quedado a las diez y cuarto en la heladería Ana Garrigós del paseo Larios para encontrarse y despedirse de su antigua amiga universitaria Nieves, los íos aprovecharon para salir y despedirse con nosotros.
Entre los dos hermanos conseguimos que los íos nos dejasen montarnos -media hora- en las motos del paseo marítimo, pues al principio no querían ya que solo íbamos a tomar un helado.
¡Qué guay nos lo pasamos mi hermano y yo! Saúl cogió una moto de cuatro ruedas parecida a la del otro día y a mí me ofrecieron una moto súper rápida, en la que vas casi sentado en el suelo y tiene mucho gas, por lo que puedes conseguir una velocidad impresionante y peligrosa, si no tienes cuidado y cabeza, pues te puedes dar un leñazo de padre y muy señor mío o pillar a cualquiera. Durante el paseo a mi hermano le dio envidia de la que yo había escogido, pues todas las carreras que emprendíamos las ganaba yo, incluso dándole mucha ventaja. Saúl quiso probarla pero el ío no quiso, solo a última hora pudo hacerlo un poco antes de entregarla y, efectivamente, no era apropiada para un niño de seis años, como decía el ío, porque todavía es pequeño y no controla tanto como yo, aunque le pese a mi hermano que se lo diga. A ver si crece y madura un poco más. Otro año será…
Después nos fuimos al Zeus, una heladería junto al paseo marítimo, a tomarnos los helados prometidos. A Saúl le gusta tomar lo que yo pido primero. Como quise una tulipa con dos bolas de helado, una de mango y otra de dulce de leche con nata, el pidió lo mismo pero sin nata. Al ío le trajeron un buen batido de chocolate que probamos todos y a la ía su tarrina de chocolate. Cuando nos lo estábamos tomando llegó mami con Nieves para vernos y saludarnos a todos. Nos alegró mucho saludarla, aunque solo nos veamos una vez al año, porque ella vive en Madrid.
Después, ya cansados, Saúl me pidió que lo llevara a cuestas y al ío también se lo rogó), pero fue el ío quien picó y lo llevó a cuestas toda la larga avenida Toré Toré. Luego fue andando hasta que llegamos a casa, nos lavamos los dientes y nos acostamos.
¡Ah!, se me olvidaba: esta mañana, cuando estábamos jugando al fútbol (que por cierto perdí por 2 a 5), pasó un perrito de aguas marrón al que pudimos acariciar y hablar con su simpático amo, que decía que no mordía y que tenía 4 años y que ya no crecería más. Nos acordamos tanto de Cay y la echamos tanto de menos… Suponemos que también ella a nosotros…



SÁBADO, 1 AGOSTO
Me levanté más tarde que mi hermano, cosa rara, porque lo normal es que fuese al revés. Mi hermano pidió permiso al ío para poder ver los dibujos animados de la tele y esperó a que me despertara para desayunar. Lo hice al filo de las diez y ya empezamos nuestras confidencias y desencuentros. Tanto él como yo no desayunamos hasta que los dos estamos en pie, aunque -a veces- solemos chocar porque él quiere ver los dibujos animados japoneses y yo el fútbol o deporte a ultranza, ya que podemos ver de todo en la tele de los íos en Torre del Mar.
Después de desayunar viendo la tele, como los niños ricos de antaño, nos vestimos y fuimos a comprar con la ía tanto al Día cercano como a Adiaris, la frutera cubana que está frente a El Criado, que tiene cinco hijos y es más joven -incluso- que la tita Mónica. Estaba con uno de sus hijos (el mayor, que se llama Diego) que se encontraba pintando en una esquina del local, muy bien, por cierto, y decía que quería vender sus trabajos al público por diez euros cada uno. La madre le advirtió que era pedir demasiado por ello y así no se lo iban a comprar. Entonces pensó en que fuera por un céntimo…
Cuando volvimos a casa nos bajamos al jardín, primero el ío y yo, para jugar con las raquetas, pero pronto se unieron mami y Saúl para jugar al fútbol los tres. El partido terminó pronto con un empate (2 a 2), pues mi hermano se cabreaba por todo si no ganaba o hacían jugadas perfectas entre ellos. Total, que al final Saúl se tuvo que subir cabreado con mami mientras yo me quedé con el ío para terminar de jugar con las raquetas de playa, ya que no bajamos este año a ella.
Llegó la hora de ir a comer fuera de casa, como había prometido el ío, y el restaurante preferido -más por los mayores que por nosotros- fue La Cueva, pero cuál no sería nuestra sorpresa que cuando llegamos eran ya las dos de la tarde y había un colón de gente esperando, incluso para apuntarse a comer, por lo que el ío decidió -consensuándolo con los mayores- que nos fuéramos a El Negri, que está un poco más abajo, a apuntarnos también, pero en una lista mucho más pequeña que en la de La Cueva, aunque los dos hermanos insistíamos, especialmente Saúl, en irnos a El Criado que es el que más nos gusta. Menos mal que nos llamaron pronto y nos instalamos en el exterior, en una mesa doble, por lo que pedimos lo que cada cual quiso: yo, nuggets de pollo con muchas patatas; mi hermano croquetas sin patatas pero nos las trajeron con muchas patatas también. Los mayores quisieron ensaladilla picadilla, ensalada de tomate y varias medias raciones de pescaíto que es lo que más les gusta a ellos. (y a mí también; a Saúl no tanto), pues como vuelve a recordar, una y otra vez mami, lo correcto es que estando en un puerto de mar disfrutemos del pescaíto que no llega tan bueno y fresco al interior de España.
Después nos volvimos a casa para que mami y el ío se echasen a la siesta, mientras Saúl iba haciendo el cuaderno de deberes de Matemáticas que le mandó su seño María Jesús para el verano. Yo le ayudé en algo, aunque el ío era y es el maestro de ceremonias; y también leí algo de mis libros veraniegos.
Ya levantada mami, nos dejaron jugar a los móviles, pero mi hermano a última hora se cabreó mucho y se puso nervioso porque perdía en el jueguecito del móvil o porque no funcionaba, según su equivocado parecer. Tras el cabreo y enfado morrocotudo subimos a El Ingenio para terminar el veraneo de Torre del Mar haciendo la última visita prometida a la bolera con un juego de bolos en el que me volvió a ganar mi hermano, aunque parecía que la puntuación que obtuvimos ambos estaba trastocada o trucada. Luego nos enchufamos a la máquina de romper virtualmente vajilla o vidrio con pelotazos a su pantalla y en todas las partidas, menos en una, obtuvimos 200 puntos de recompensa; por lo que metimos los tiques obtenidos en la máquina de contarlos y nos dio nada menos que 2.153 puntos, que, juntándolos con los tres tiques obtenidos de los días anteriores, arrojaron la cantidad de 5.015, por lo que fuimos a canjearlos por regalos. Nos trajimos un basketball, dos pistolas con balas alargadas de plástico, chucherías, dos lápices, etc. De todas formas no pudimos gastar todos los puntos por lo que nos sobraron 1.155 que liquidaremos el domingo por la mañana.
Volvimos a casa para cenar lo que había preparado la ía y nos pusimos a ver la tele hasta que llegó la hora de acostarnos, no sin antes hacer toda la larga y tediosa parafernalia (nocturna y diaria) del cepillado de dientes y limpieza, con seda dental, que nuestra santa mamá va llevando día a día con un sacrificio admirable, aunque nosotros dos no nos demos cuenta, hoy por hoy, después del día tan cansado que habíamos pasado todos y ella especialmente…
El sueño nos hizo recuperar fuerzas para que el último día de nuestras vacaciones en Torre del Mar fuese todo lo bonito, divertido y fantástico que a mí y a Saúl nos gustaría.
DOMINGO, 2 AGOSTO
Como todo pasa y todo llega, amanecimos a domingo, dos de agosto, último día en el que íbamos a estar en Torre del Mar, pues nos marcharíamos con mamá a Sevilla para estar allí a finales de la tarde.
Nos levantamos a buena hora, aunque yo fui el primero, como casi siempre. Me puse a ver la tele hasta que al poco llegó Saúl y empezaron nuestras rencillas cotidianas, pues tenía puesto un programa de los juegos de atletismo europeos y mi hermano quería ver sus dibujos animados. En fin, siempre tiene que venir alguien a solucionar nuestros problemas cotidianos.
Como ayer quedamos que teníamos que canjear los mil y pico puntos que nos quedaban por diferentes regalos, nos subimos prontico a El Ingenio sin consultar con internet para saber el horario de la bolera. Serían las once y media cuando llegamos y, aunque estuvimos jugando un poco en su remozado parque, nos encontramos con la desagradable sorpresa que estaba cerrada. Entonces sí que consultamos google y nos dijo que hasta las doce no era su apertura, a pesar de que había empleados trabajando ya dentro, a puerta cerrada.
Mientras, aprovechamos para ir de tiendas sin comprar nada y sobre todo donde hay móviles u ordenadores, pues nos pirramos por jugar con ellos o, al menos, verlos. Cuando llegaron las doce ya estábamos en la puerta. Por cierto me encontré un euro en el suelo. Y es que tengo una suerte y una vista que no se la salta un galgo.
Escogimos nuevos regalos hasta gastar todos los puntos que nos quedaban y nos bajamos para casita, donde se quedaron mami leyendo y Saúl viendo sus dibujos. Nosotros (el ío y yo), a pesar de que ya hacía calorcilla, nos bajamos al jardín a jugar con las raquetas de playa. Como soy muy amigo de los retos bajé todas las escaleras desde el segundo piso botando la pelotita con la raqueta derecha y me quedé tan pancho. Después jugamos (el ío y yo) en plan amigos, sin competición entre nosotros, simplemente intentando alcanzar récords con el número de golpes que le damos a la pelota sin perder baza. ¡Esta vez llegamos hasta los 29 seguidos! Otras veces nuestro récord ha sido más crecido.
Luego subimos a ducharnos, pues el calor apretaba y el sudor es abundante para quedarnos tan fresquitos y comer lo que la ía, nuestra gran cocinera, nos había preparado: ensalada variada, tortilla de patatas (riquísima, por cierto), hamburguesas y la paella que nos sobró el otro día en El Criado. Que también estaba muy buena. Estábamos tan satisfechos los dos (mi hermano y yo) que no quisimos tomar nada de postre y mira que nos gustan los kiwis, los melocotones y las paraguayas, entre otras frutas variadas.
Después estuvimos practicando nuestros jueguecitos diarios del móvil hasta que mami se acostó un rato con el fin de estar fuerte para ser la conductora que nos llevase a Sevilla sanos y salvos. En plena canícula y siesta mami fue cargando nuestro coche mientras el ío cuidaba de él. Al final bajó la ía para terminar de ayudarnos y despedirnos.
En tres horas, aproximadamente, estuvimos en Sevilla. Yo llamé al ío con el teléfono de mamá para decírselo con el fin de que estuviesen tranquilos. Tardamos algo más de lo habitual porque el GPS nos llevó por El Trapiche y hubimos de volvernos a buscar la autovía del Mediterráneo.
¡Ya estamos en la ardiente Sevilla! Menos más que pronto, mañana, nos vamos a ir con nuestro amigo Igna a Huéneja…
Ha sido un veraneo atípico para el que piense que estando en Torre del Mar no hayamos bajado ni un solo día en este período estival a bañarnos, pero es que, como veníamos de estar en un camping de Barbate, no nos apetecía demasiado y menos a mami y los íos, que han preferido proporcionarnos un verano cultural y viajero, en lugar de buscar solamente sol y playa, puesto que a nosotros nos gusta casi todo, aunque de principio solemos ponerle pegas, por bien que nos lo programen…
¡Hasta otra crónica, amigos!
Torre del Mar, 5 de agosto de 2026.
Fernando Sánchez Resa
