Ahora que casi todo se reinventa o etiqueta circula por ahí el término “abuelescencia”, significando que es una edad de oro con mucho crecimiento, disfrute y aprendizaje en ambos polos: abuelos y nietos/biznietos.
Hoy en día, el ciclo vital de los seres humanos se ha alargado mucho. No hace tanto una persona de 50 años era ya bastante mayor, mejor dicho, anciana. Actualmente te topas con viejitos, especialmente mujeres, que blincan los 80 y hasta los 90 años, tan saludables, habiendo cada día más gente centenaria en todo el mundo incluida España. No es extraño que también sean llamados de la tercera o cuarta edad. Algunas de sus muchas riquezas radican en su amplio quehacer teniendo el apoyo de su familia. Son ellos los que llevan a cabo la delicada y semioculta transmisión transgeneracional de forma simultánea (verbal y no verbalmente) mediante actitudes, creencias, tradiciones, formas de relación, estilos de vínculos, normas de comportamiento, etc.


Somos muchos los que todavía podemos recordar y añorar la potente huella afectiva, de conocimientos y actitudes que dejaron en nosotros, tanto consciente como inconscientemente, nuestros abuelos, ya que tuvimos la suerte de quererlos y tratarlos durante bastantes años.
En contraposición, hoy en día, está la adolescencia que se sigue alargando y magnificando en exceso, dándole suma importancia, y analizando continuamente lo que los padres y la sociedad están fallando en su educación y desarrollo…


Sevilla, 2 de febrero de 2026.
Fernando Sánchez Resa