Vivimos engañados desde que nacemos hasta que morimos, aunque conforme vamos cumpliendo años, algunos vamos dándonos cuenta de que lo que nos habíamos forjado de pequeños o mayores no era más que un tremendo error.


Cuando vamos creciendo acumulamos experiencias y cosas materiales, no tanto inmateriales, mientras pensamos que seguramente nos acompañarán para siempre en nuestro devenir diario; y, sin embargo, comprobamos que nada dura para siempre. Ni la salud, ni el dinero, ni el amor, ni las propiedades, ni los imperios…, pues antes o después hemos de desprendernos de todo sin más remedio. Duele más cuando se hace en vida, mas si lo hacemos con hidalguía, desprendimiento y/o bondad certificaremos que esta vida es un largo peregrinaje con altos y bajos que nos proporcionará provechoso aprendizaje, si sabemos valorarlo; si no, iremos deambulando por este valle de lágrimas cual animales de presa que no saben más que acumular, posesionar y/o engullir todo cuanto está a su alcance. Debemos aprender que lo mismo que nos llega algo, antes o después, se nos va, como le pasó al santo Job…
Nos irá mucho mejor si nunca olvidamos este aserto, aunque parezca una perogrullada: ¡Nada es para siempre, excepto la muerte!
Sevilla, 28 de noviembre de 2025.
Fernando Sánchez Resa