Fueron educadas en la creencia de que saliendo del hogar familiar a la búsqueda y captura de un empleo que le proporcionara el respaldo económico que necesitaban para conseguir su total liberación entrarían en el paraíso terrenal que sus madres, abuelas o antepasadas nunca consiguieron alcanzar. Mas, cuando creían que lo habían conseguido, se dieron cuenta de su error, sintiéndose profundamente engañadas y/o desilusionadas, sobre todo, si su pareja masculina (o femenina) no estaba mentalizada ni colaboraba al 50% en las labores domésticas y externas, en ese cambio paradigmático que creían se estaba produciendo.


Comprobaron que su vida conyugal o de pareja se convertía en un infierno, ya que se duplicaban o triplicaban sus quehaceres (tanto fuera como dentro del hogar) y que sus obligaciones se multiplicaban geométricamente, ya que sus horarios de trabajo fuera del hogar (como mujeres) habían sido legislados y asimilados a los de los hombres, sin tener en cuenta la enorme carga física y mental que llevaban para adelante: desde estar pendiente del bocadillo que hay que echar al hijo para el recreo hasta atender a los padres (e incluso a los suegros) en su senectud, por poner dos ejemplos corrientes y cotidianos; además del embarazo, parto, amamantamiento o lactancia materna y crianza que parecen ser van implícitos y por naturaleza a la hembra humana.
No se piensa que la mujer es la que elucubra y traza casi todo lo que hay que hacer en la casa y con los hijos (salvo honrosas excepciones); y, o lo hace ella, o tiene que apoyarse, normalmente, en otra persona, pagando sus servicios domésticos o del tipo que sean (para hacer mandados, papeleos, cuidado de hijos etc.) y así, la pareja funcione -o lo parezca- y no se resienta demasiado la convivencia conyugal…
Ya tarde, se percataron de que se habían equivocado. Y pensaron: “Esa sí que es una auténtica y profunda revolución pendiente de nuestra sociedad occidental que ningún partido político quiere acometer seriamente”.
El futuro está en las manos de las nuevas generaciones (tanto de hombres como de mujeres), que están invitados a conseguir esa utopía en la que la comprensión, el amor y la justicia distributiva se hagan realidad en una convivencia conyugal o de pareja realmente paritaria y gratificante…
¡Menudo reto!

Sevilla, 21 de junio de 2025.
Fernando Sánchez Resa