Esto era una vez… un grupo de amigas (con un servidor de carabina), que todos los miércoles laborables del curso 2025-26, por la tarde, se pirraban por estar juntas deleitándose, charlando amigablemente y haciendo mil y un trabajos de Patchwork en casa de su encantadora maestra…
Iban ya camino del sexto curso continuado -en Valencina de la Concepción (Sevilla)- coleccionando trabajos, conversaciones e historias de las que se enriquecían todas ellas e, incluso, los hacían extensivos a sus familiares y amigas más íntimas, con el fin de hacerles partícipes de su habilidad, buen gusto y destreza.

Por eso, y en buena lid, tenían la sana costumbre de juntarse al menos dos-tres veces al año para premiar su constancia saboreando -con los cinco sentidos- una comida bien regada de caldos sencillos, sin excesos, para conmemorar que estaban vivas y felices otro tiempo más…
La simpática y habilidosa profesora, Salud era su nombre, siempre era la encargada de apalabrar esas celebraciones trimestrales y una vez más decidieron -entre todas- que fuese en el restaurante El Chispa, donde siempre las atienden de maravilla, proporcionándoles unos suculentos platos que cada una eligió a su gusto, entre las muchas tapas que se les ofrecían; dentro de un ambiente tranquilo y relajado, que era lo que todas buscaban conforme los años de labor, sabiduría y madurez van llegando… Por eso, el miércoles, 25 de febrero, allá quedaron para hacer una vez más una comida que todas recordarían.

Menchu, Adela, Margarita, Mari Carmen, Inma y un servidor, como invitado perenne a las clases y ágapes que se tercien, comandados por Salud, la simpática maestra de labores y otros asuntos, fueron a compartir una entretenida y contundente comida en la que cada cual pidió las tapas que le apetecieron. Hasta cuatro tomaron algunas (yo, también), más el azucarado y divino postre que nunca puede ni debe faltar en cualquier celebración que se precie entre buenas amigas.

No voy a repetir aquí, una vez más, los nombres de las tapas y postres que se tomaron, pues las fotos adjuntas lo dicen todo. Solo agregar que algunas tapas tuvieron mejor acogida que otras, aunque todas estaban buenísimas…, pues se repitieron con largueza entre las invitadas; y que los postres fueron exquisitos (como siempre), aunque no todas quisieron tomar uno cada una por aquello de cuidar la figura… De todas formas todos sabemos que sobre gustos (de todo tipo, incluyendo el culinario o gastronómico) hay mucho escrito…



Mientras se desarrollaba el ágape los temas de conversación y el salpichirri de las anécdotas graciosas fue floreciendo cual fina hierba en campo primaveral, ya que no se hicieron de rogar, sino que se manifestaron con libertad y oportunidad para regusto y cachondeo de todos.



Siendo, como siempre, muy sustanciosos, cuando se juntan mujeres locuaces o parlanchinas que muestran abiertamente sus emociones, sus vivencias, sus recuerdos… Así, el tema de sus noviazgos y de los años que llevaban de casadas o novias; la viudez con su drama y el vacío que deja la pareja que se va; los dulces recuerdos y las graciosas vivencias que todas contaron, especialmente la maestra, que llevaba su liderazgo y voz cantante -hasta en la comida- de una manera natural y tranquila sin agobios de antaño cuando tanto le preocupaban algunas alumnas que iban siempre por delante de la materia que se tenía entre manos. Salud, para que no se le vayan las alumnas, no las aprueba ningún curso y así repiten, se expresaba graciosamente, aunque luego su metodología y pedagogía es la mejor: que cada alumna haga el trabajo que quiera, como quiera y cuando quiera y ella -muy amablemente- las va ayudando y guiando paso a paso. Así todas quedan contentas… Y, luego, si lo doran todo con charlas y confidencias varias, miel sobre hojuelas… ¿Qué es la vida sino una pura y larga conversación entretenida?, diría el filósofo…



El día soleado y súper tranquilo bien acompañaba; y más, después de las semanas pasadas en que las borrascas camparon en Sevilla y otras partes de España cual látigo fustigador al que no estábamos acostumbrados. Fueron momentos íntimos y felices de unas buenas amigas que se llevan como buenas hermanas y que tienen unas especiales manos para las labores que nunca debemos olvidar, pues la perspectiva de la edad serena y madura introduce un viso de autenticidad que enamora y ensimisma. La prueba, la tenemos en las fotos que acompañan este artículo, con los último trabajos efectuados por ellas…


Todas las féminas del grupo ibas guapas, hay que decirlo y escribirlo, aunque una de ellas, (y no digo su nombre porque todos los asistentes lo pudimos comprobar), echó la casa por la ventana poniéndose un atuendo especial, coronada con una sesión de peluquería algo más sofisticada, además de ir enjoyada en brazos y cabeza. Destacó ella porque pudo, porque quiso y se lo mereció… Para más detalles: decir que venía vestida de tigresa…
Quedamos todos satisfechos y felices, mas hubimos de volver a clase, con los estómagos llenos y el hambre bien calmada. Tanto la ida como la vuelta al restaurante desde el chalet de Salud la hicimos en dos coches, porque así lo vimos conveniente; y no digo más…



Ellas se entraron al amplio salón donde se desarrollan las clases cotidianamente, sin necesidad de calefacción real o figurada, pues los 22 grados ya lucían en el ambiente primaveral, para seguir departiendo temas y labores a partes iguales, en una tarde más de disfrute y aprendizaje serenos… Alguna aprovechó para coger laurel fresco mientras la llamaron por teléfono… Otras siguieron la ruta de la charla más desenfada que hace disfrutar al grupo de un estatus del que no todo el mundo puede presumir.
Las dos horas se pasaron por entre las manos, mientras un servidor tomaba el rico sol en el amplio porche de este chalet ajardinado que todas las alumnas (y un servidor) bien disfrutamos.



Llegarán más días y más motivos de celebración, pues como se dice vulgarmente «los ratos buenos hay que buscarlos, los malos vienen solos” y, añado yo: que, además, los segundos se enredan en nuestras vidas como parásitos difíciles de quitárselos de encima…
Hubo momentos en que el grupo de féminas estaban cantando -todas al unísono- la famosa canción mariana, aunque todavía no estuviésemos en el mes de mayo: «Venid y vamos todos con flores a María…», lo que denota que todas son casi de la misma generación y que su educación infantil y juvenil fue muy parecida y les marcó para bien y para siempre…


Esperando nueva y feliz celebración, quedamos todos de acuerdo en llegar a junio, tan felices e ilusionados como niños de primaria, que llevan esa alegría intrínseca y que, por desgracia, se va disipando conforme vamos cumpliendo demasiados años…

¡Ah!, se me olvidaba. Nos acordamos de Conchita, que estaba de vacaciones en Palma y no en las Bahamas. ¡Qué bien se lo monta la muchacha…!
¡Hasta la próxima, si Dios quiere…!
Valencina de la Concepción, 25 de febrero de 2026.
Fernando Sánchez Resa.
